Jueves 14 de mayo de 2026
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Movilidad en el Gran La Plata: el transporte público cayó a 300 mil pasajeros diarios y las mujeres son las más afectadas

En los últimos años, el transporte público perdió casi 200 mil pasajes diarios. Una encuesta de la UNLP y el CONICET busca entender qué cambió y quiénes pagan el precio.

El sistema de movilidad del Gran La Plata está en crisis. Los colectivos transportan hoy unos 300 mil pasajeros por día, menos de la mitad de los 650 mil que movían en sus mejores momentos. Mientras tanto, las calles se llenan de autos, motos y bicicletas. No es un fenómeno neutral: detrás de esa transformación hay desigualdades concretas, y las mujeres están en el centro de la escena.

Para medir ese cambio, el Observatorio de Movilidad del Gran La Plata —que funciona en el Instituto de Investigaciones y Políticas del Ambiente Construido (IIPAC) de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNLP, con respaldo del CONICET— acaba de lanzar la Encuesta de Movilidad 2026. El objetivo: actualizar los datos sobre cómo, cuánto y por qué se mueven los más de 900 mil habitantes de la región.

Un sistema que no se recupera

Los números del transporte público en La Plata cuentan una historia de caídas y recuperaciones parciales. En 1993, el sistema movía cerca de 600 mil pasajeros diarios. En los 90, con la recesión y las tarifas en alza, perdió cerca del 34% de esa demanda.

El nuevo siglo trajo algo de alivio. En 2015 se llegó a unos 550 mil viajes diarios. Pero la pandemia volvió a romper el equilibrio, y esta vez la recuperación no llegó: entre 2022 y 2025, el sistema oscilaba entre 450 mil y 500 mil viajes, hasta caer al actual piso de 300 mil en medio de una crisis que combina frecuencias reducidas, combustibles caros y una siniestralidad vial que no cede.

El auto privado y la moto ocuparon el espacio que el colectivo dejó vacante. Y eso tiene costos: en emisiones, en congestionamiento, y en exclusión. Quien no tiene vehículo propio —y en los barrios periféricos de La Plata eso es una realidad extendida— queda a merced de un servicio cada vez más precario.

Las mujeres viajan más, pero peor

La encuesta de 2026 tiene un eje que la diferencia de las anteriores: la dimensión de género en la movilidad cotidiana. Y los datos previos ya son elocuentes.

Las mujeres generan más desplazamientos diarios que los hombres y usan más el transporte público y la caminata. Pero los viajes que realizan son más complejos: recorridos encadenados, múltiples paradas, más tiempo invertido. No es que se muevan más por gusto. Es que cargan con una parte desproporcionada de los traslados vinculados al cuidado: llevar y traer personas, hacer compras, acompañar a centros de salud, resolver trámites.

Esos viajes son invisibles en las estadísticas tradicionales, pero sostienen la vida cotidiana de miles de familias platenses.
A eso se suma otro factor que los estudios especializados documentan hace tiempo: el miedo. La inseguridad en el espacio público condiciona fuertemente los movimientos de las mujeres. Cambia horarios, modifica recorridos, limita opciones. En las zonas más alejadas del centro —Villa Elvira, Los Hornos, Olmos, San Carlos—, donde la frecuencia de colectivos es menor y la infraestructura es más precaria, el problema se amplifica.

Moverse no es solo trasladarse. Es también calcular riesgos.

El mapa en expansión

El Gran La Plata creció de manera sostenida en las últimas décadas, y esa expansión urbana choca de frente con un sistema de transporte que no la acompañó. Recién en diciembre pasado se sancionó el plan de ordenamiento comunal, que busca ordenar un crecimiento que venía siendo caótico.

El Observatorio tiene historia para comparar. Estudios previos de 1987, 1993, 2003, 2013-2014, 2016 y 2020 permiten rastrear cómo fue cambiando la movilidad en la región a lo largo de cuatro décadas. Esa serie histórica es uno de los activos más valiosos que tiene la UNLP para entender el presente y proyectar políticas.

Los resultados de la encuesta 2026 llegarán en los próximos meses. Lo que se anticipa, sin embargo, ya es suficientemente preocupante: un sistema de transporte público debilitado, una dependencia creciente del vehículo privado y una deuda acumulada con los sectores que más necesitan moverse y menos recursos tienen para hacerlo.

Si los datos confirman la caída sostenida del uso del colectivo y el Municipio no toma medidas concretas para recuperar frecuencias y mejorar la conectividad periférica, la tendencia se consolida. Y cuando eso pasa, los que pierden no son los que tienen auto: son los que dependen del transporte público para trabajar, estudiar, cuidar.

fuente: Observatorio de Movilidad del Gran La Plata —que funciona en el Instituto de Investigaciones y Políticas del Ambiente Construido (IIPAC) de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNLP, con respaldo del CONICET

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