Miércoles 13 de mayo de 2026
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El círculo rojo le soltó la mano a Milei: salvar el modelo, con o sin él

La aprobación cayó al 33%, el establishment busca un «plan B» para 2027, The Economist dice que el presidente «está en serios problemas» y desde adentro del propio espacio libertario llaman a votar otra cosa. El escándalo Adorni fue el detonante, pero la crisis es más profunda.

Hay una frase que circula en despachos y grupos de WhatsApp del establishment argentino y que resume el estado de situación mejor que cualquier encuesta: «quien es eficaz para derribar una estructura no necesariamente es el indicado para reconstruirla». La metáfora apunta directo a Milei. Y ya no la dicen en voz baja.

El presidente viajó esta semana a Los Ángeles para hablar en el Instituto Milken —su viaje número 16 a Estados Unidos desde que asumió—, donde seguirá siendo recibido como un rockstar libertario internacional. El problema es lo que dejó atrás. Prácticamente todos sus ministros imploran que el jefe de Gabinete Manuel Adorni dé un paso al costado, mientras los hermanos Milei parecen decididos a mantenerlo en el cargo. Y en Casa Rosada ya no creen que «lo peor haya pasado».

El número que lo dice todo

En abril, la aprobación de Milei cayó al 33,1%, su registro más bajo desde octubre del año pasado y muy distante del máximo de 44,4% alcanzado en febrero de 2026. La desaprobación trepó al 60,6%. En apenas dos meses, el respaldo perdió más de 11 puntos porcentuales.

Pero más revelador que el número es lo que hay detrás. El 67% de los argentinos considera que Milei ya forma parte de la casta que prometió combatir cuando llegó al poder. La promesa que constituyó su principal capital político se deterioró hasta convertirse en su principal punto de vulnerabilidad.

El 81,6% de los encuestados debió reducir algún tipo de gasto familiar en los últimos seis meses: el 28,8% recortó gastos básicos como alimentos, salud o servicios. Ese es el Milei que no va al Instituto Milken: el de las góndolas, el transporte y el alquiler que se come el 45% del sueldo.

The Economist lo dice claro: «está en serios problemas»

La señal más contundente de la semana no vino de la oposición sino de una de las publicaciones más influyentes del mundo para el establishment global. The Economist publicó que la aprobación neta de Milei ronda el menos 30, el peor nivel desde que asumió en diciembre de 2023, y que los votantes tienen dos grandes quejas: escándalos de corrupción y una economía estancada.

El diagnóstico económico de la revista es filoso: solo cinco sectores son competitivos en el actual esquema —energía, agro, minería, economía del conocimiento y en menor medida el sistema financiero— pero no generan suficiente empleo ni ingresos. Con este esquema, Argentina tiene un país para 10 millones de argentinos. Lo dijo Martín Redrado, ex presidente del Banco Central, en diálogo con el mismo medio.

Los datos oficiales indican que el PBI cayó 2,6% en febrero respecto a enero, la mayor baja desde 2023. La actividad manufacturera y comercial se desplomó, lo que reduce la recaudación tributaria y pone en riesgo el superávit fiscal.

El círculo rojo en el Llao Llao: sin Milei en la agenda

La señal más elocuente del estado de la relación entre el presidente y el establishment llegó desde Bariloche. Desde que en 2024 el presidente llevó al evento patagónico sus ideas sobre la dolarización y el fin del Banco Central, recolectando más ironías que aplausos, la relación nunca volvió a encarrilarse. En la edición 2026, el jefe de Estado casi no fue mencionado. Tampoco invitado, al menos formalmente.

Lo que se escucha en el círculo rojo ya no son elogios, sino dudas. Vuelve la pregunta de cuán sustentable es el modelo. La explicación de la inflación que dio Milei ante empresarios no dejó ningún tipo de certeza, sino todo lo contrario.

El movimiento más revelador fue la reunión entre Paolo Rocca, titular de Techint, y Mauricio Macri. Rocca alentó a Macri a competir por la presidencia en 2027. El empresario, pieza clave de la Asociación Empresaria Argentina, permitió que la reunión se conociera públicamente. En la Argentina, donde nadie filtra nada por error, eso es un mensaje.

Lo que cambió en el círculo rojo no es la agenda económica —siguen queriendo equilibrio fiscal y reformas estructurales— sino la evaluación sobre la viabilidad política del modelo bajo el liderazgo actual. En los encuentros sociales y grupos de mensajería del sector, se repite la misma conclusión: se necesita un representante más «racional» de la derecha.

La grieta libertaria: votar otra cosa en la Provincia

El desgaste no es solo externo. Desde adentro del propio espacio la situación es explosiva. Alejandro Sarubbi Benítez, militante oficialista y conductor del streaming «La trinchera», llamó directamente a no votar a La Libertad Avanza en 2027 en la provincia de Buenos Aires: «A los pibes les digo que tienen tres opciones: armar un partido propio para bancar al Presidente desde otro lugar, votar otra cosa que no sea LLA, o no votar. Mierdas no se votan».

La provincia de Buenos Aires es el territorio donde se define todo en Argentina. Que un militante libertario llame abiertamente a votar otra cosa en ese distrito no es un dato menor: es una fractura que el oficialismo no puede disimular.

Lo que se juega en el Gran La Plata

Para los bonaerenses —y para los platenses en particular— este escenario tiene consecuencias concretas. Un gobierno nacional en crisis de imagen, con el establishment mirando para otro lado y una economía que contrae el empleo en manufactura, construcción y comercio, es un gobierno que tiene menos margen para negociar transferencias, subsidios y obra pública con los distritos del conurbano y el interior bonaerense.

El análisis del consultor Gustavo Córdoba es preciso: «Pensar que nadie capitaliza el descontento con Milei es un error. El clima de opinión marca más de un 60% de antimileísmo. Cuando hay voto castigo es contra el oficialismo. Milei fue esa herramienta de castigo. Eso puede repetirse el año próximo si no hay recuperación del poder adquisitivo».

La ventana que tiene el gobierno para revertir esto se cierra rápido. Después del Mundial, entre agosto y septiembre, la carrera electoral se disparará y los acuerdos con opositores «moderados» serán mucho más complejos. El tiempo no es un aliado.

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