Gustavo Marín, primer decano peronista de la Facultad de Ciencias Médicas, asumió esta semana con cifras duras en la mesa: más del 70% de los estudiantes que ingresan no llega a segundo año y la tasa de graduación cayó de 67,7% en 2015 a 15,8% en 2025. Alak lo acompañó en la jura.
La Facultad de Ciencias Médicas de la UNLP entró en una nueva etapa institucional. Gustavo Marín asumió esta semana como decano y se convirtió en el primer peronista en conducir la unidad académica en toda su historia. La asunción tuvo fuerte presencia política, con el intendente Julio Alak en primera fila.
Pero el dato más resonante del acto no fue la foto política. Fue el diagnóstico que dejó Marín apenas tomó la palabra: más del 70% de los estudiantes que ingresan a la carrera no llega a segundo año. Una sangría que el nuevo decano se comprometió a frenar y que viene siendo, en silencio, una de las grandes deudas pendientes de la facultad.

Quién es Marín
Médico recibido en la propia UNLP, Marín tiene 40 años de docencia universitaria, doctorado y maestrías en Salud Pública, Economía de la Salud y Ciencia Política. Estudió en la Universidad de París VII y es investigador del Conicet.
Llegó al decanato con un respaldo contundente: 81% de los votos, 13 sobre 16, en una elección que se definió en abril después de dos intentos fallidos producto de los «faltazos» del oficialismo histórico de la facultad.
Las cifras del derrumbe
Los datos que mostró Marín al asumir hablan por sí mismos. La tasa de graduación de Medicina pasó del 67,7% en 2015 al 15,8% en 2025. En términos absolutos: hace una década, sobre 334 ingresantes, 269 se recibieron. El año pasado, sobre 4.427 ingresantes, apenas 699 llegaron al título.
Es decir, en diez años la matrícula se multiplicó por trece pero la cantidad de graduados solo se duplicó. La deserción se concentra, sobre todo, en el paso del primero al segundo año, donde más del 70% de los estudiantes queda en el camino.
Las causas son múltiples, pero los gremios y la propia facultad coinciden en algunas: un sistema de admisión muy duro, un primer año pensado más como filtro que como acompañamiento, déficits en infraestructura y un plan de estudios que viene quedando viejo respecto de lo que reclama la formación médica actual.
El plan de estudios que se posterga hace 8 años
Una de las primeras anclas de la nueva gestión va a ser, justamente, el nuevo plan de estudios. Se viene anunciando desde hace ocho años, atravesó dos gestiones y todavía no se implementó. Marín se comprometió a empujarlo durante su mandato y planteó la reforma curricular como una de las claves para revertir el cuadro de deserción.
El desafío técnico es enorme. Implica revisar contenidos, secuencias, prácticas hospitalarias y, sobre todo, repensar el primer año. Pero el cuello político es todavía más complejo: cualquier reforma en Medicina mueve intereses académicos, gremiales y profesionales fuertes.
El cruce con el contexto nacional
La asunción llega en el peor momento posible para el sistema universitario. La UNLP atraviesa semanas de paros, marchas de antorchas y reclamos por la aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario. La cuarta Marcha Federal Universitaria está prevista para el martes 12, con concentración en Plaza San Martín a partir de las 15:30.
El cuadro nacional pega de lleno en facultades como Medicina, donde el ajuste se traduce en falta de insumos, edificios sin mantenimiento y becas estudiantiles congeladas. La caída del salario docente, calculada en torno al 32% real desde el inicio de la gestión libertaria, es otro factor que erosiona la calidad académica y empuja la deserción.
El gesto político de Alak
La presencia del intendente Julio Alak en la asunción no fue casual. Marín es el primer decano peronista de Medicina UNLP en la historia, y la foto sirve para apuntalar el rol del Municipio como aliado natural de la Universidad pública en un escenario donde la Casa Rosada empuja en sentido contrario.
En los pasillos del Rectorado leen el gesto como una doble jugada. Por un lado, Alak refuerza vínculos con el espacio académico que conducen Tauber y Marín. Por el otro, posiciona a la gestión municipal como un actor activo en la pelea por el financiamiento universitario, justo en la previa de la Marcha Federal.

Por qué importa para la región
Medicina UNLP no es una facultad cualquiera para la capital provincial. Forma a la mayor parte de los médicos que después se insertan en el sistema sanitario de La Plata, Berisso, Ensenada y todo el AMBA sur. Cada egresado menos significa, tarde o temprano, menos cobertura médica para la región.
Además, la facultad es uno de los grandes empleadores del polo universitario y un motor económico relevante para los barrios cercanos al Bosque, donde se mueven miles de estudiantes, residentes, docentes y trabajadores no docentes.
La hoja de ruta de Marín tiene tres frentes inmediatos. Primero, ordenar la transición política y armar su equipo de gestión. Segundo, sentar las bases de la reforma del plan de estudios, con la promesa de que esta vez sí se implementa. Tercero, atravesar la conflictividad nacional con el sistema universitario y sostener la actividad académica en medio de los paros y la falta de financiamiento.
Para Medicina UNLP, el cambio de mando abre una etapa que combina expectativa y desafío. Si Marín logra avanzar con el plan de estudios y poner sobre la mesa el debate por la deserción, su gestión puede marcar un antes y un después en una facultad que arrastra deudas estructurales hace más de una década.


