La vicegobernadora cerró la integración de las comisiones del Senado bonaerense con un movimiento que descolocó al kirchnerismo. Germán Lago, hombre de Kicillof, quedó al frente de un espacio estratégico, y desde el espacio que conduce Máximo Kirchner ya hablan de una eventual ruptura del bloque.
La interna del peronismo bonaerense volvió a saltar al centro de la escena institucional. La vicegobernadora Verónica Magario formalizó la integración de las comisiones del Senado provincial y el resultado dejó al descubierto un nuevo capítulo de la pulseada por el control del peronismo: un axelista, Germán Lago, fue impuesto al frente de un espacio clave, mientras desde La Cámpora respondieron con dureza y deslizaron incluso la posibilidad de partir el bloque.
El movimiento no es un detalle técnico. Quien preside una comisión maneja la agenda, define los tiempos y, sobre todo, decide qué se debate y qué se cajonea. En un año electoral y con cuatro vacantes pendientes en la Suprema Corte bonaerense, ese poder vale oro político.
Qué pasó en la Cámara Alta
Tras meses de parálisis interna, Magario destrabó la conformación de 25 de las 26 comisiones del Senado bonaerense. La firma de la vicegobernadora puso letra a un acuerdo que se venía cocinando desde hacía semanas, pero con una variable que cambió todo en el cierre: la inclusión de Lago, senador axelista que asumió en diciembre, al frente de una comisión que el kirchnerismo aspiraba a controlar.
La sorpresa la activó la propia Magario al apartarse del esquema que el bloque Fuerza Patria había acordado de manera mayoritaria. Según fuentes del Senado, 20 de los 24 senadores del espacio habían convalidado el reparto previo. Pero el último cambio de manos puso en duda la palabra del oficialismo.
La lectura: un peronismo en tres tercios
El movimiento ordena un dato más político que reglamentario. Hace meses que el peronismo bonaerense funciona como tres tercios en pugna: el kicillofismo, que conduce el Ejecutivo provincial; el cristinismo de La Cámpora, con Máximo Kirchner como referente; y el massismo, que mantiene su propio andamiaje territorial.
Magario, hasta hace poco asociada al espacio de Máximo, recalibró su rol y empezó a operar con autonomía. Su decisión de empoderar al armado de Kicillof en el Senado dejó en evidencia que el equilibrio cambió. La vicegobernadora ya no responde de manera automática a La Cámpora, y La Cámpora lo notó.
El malestar se hizo carne en el propio recinto. El senador camporista Diego Videla se abstuvo en la votación de autoridades y dejó una frase que circuló rápido entre los pasillos legislativos: «Quiero advertir que me abstengo porque esto no fue lo acordado en el bloque». Una grieta abierta en pleno acto formal.
Lo que está en juego
La pelea por las comisiones tiene tres frentes concretos en el horizonte inmediato.
El primero es la Suprema Corte de Justicia bonaerense, con cuatro vacantes pendientes. Cualquier nominación pasa por el Senado y exige acuerdo político. Quien controla las comisiones clave maneja los tiempos para empujar o frenar pliegos.
El segundo es la reforma electoral, una discusión que sigue trabada por la propia interna peronista. Definir el reparto de comisiones equivale a decidir desde dónde se discute esa reforma y con qué velocidad.
El tercero es el Presupuesto provincial. La negociación del año entrante con el Ejecutivo va a pasar por una mesa donde el kirchnerismo conserva peso, pero ya no tiene control absoluto.
La amenaza de ruptura
En los pasillos del Senado, el dato que más resuena es la posibilidad de que el bloque Fuerza Patria se parta. Algunos senadores del riñón de Máximo Kirchner deslizan que la conducción de Magario rompió un acuerdo de buena fe y que, si la lógica del «rodillo del axelismo» se profundiza, no descartan armar un bloque propio.
La advertencia es seria pero también funcional. Una eventual fragmentación dejaría al peronismo bonaerense con menos peso parlamentario justo cuando más necesita fortaleza institucional para discutir con la Casa Rosada y con los libertarios bonaerenses.
Los libertarios, atentos
A todo esto, los libertarios bonaerenses miran la pelea con paciencia y oportunismo. Cualquier fractura del peronismo en la Cámara Alta le abre a La Libertad Avanza la chance de transformarse en el actor que define votaciones clave, sumando a un PRO que también busca su lugar en el rompecabezas provincial.
Es un escenario que se alinea con la lectura nacional: mientras Milei navega su propia interna entre Karina, Bullrich y Villarruel, en la Provincia se construye otro capítulo del mismo libreto. Cada bloque mide fuerzas, cada movimiento ordena la cancha de 2027.
La Plata, sede del temblor
Como capital provincial, la ciudad concentra todos los movimientos de esta partida. La Legislatura bonaerense funciona en pleno casco urbano, los senadores se mueven entre sus despachos y los pasillos del Edificio Cero, y cada decisión de comisión termina impactando, tarde o temprano, en obras, fondos y políticas que llegan a la región.
Para Kicillof, el resultado es una victoria parcial: logró meter a un hombre propio en una comisión central del Senado en el primer round formal. Pero la pelea recién arranca, y el costo político que pagará en términos de relación con el kirchnerismo todavía es difícil de medir.
Lo que viene
Las próximas semanas tendrán tres definiciones a seguir. Primera: cómo termina de configurarse la única comisión que aún quedó pendiente, donde se mete de lleno la discusión sobre la reforma electoral. Segunda: si La Cámpora avanza con la amenaza de ruptura del bloque o si la presión termina cediendo bajo el peso de la conveniencia electoral. Tercera: cómo procesan los pliegos para la Suprema Corte, una negociación que va a poner a prueba la nueva geometría del Senado.
Para la región, el mensaje es claro: el escenario provincial entró en modo año electoral, con un peronismo que se reordena a los tropezones y un Ejecutivo bonaerense que, por ahora, logra hacer valer su peso institucional. El termómetro de los próximos movimientos va a marcarse, otra vez, en La Plata.


