La disputa interna del PJ bonaerense por el sillón de Dardo Rocha en 2027 dejó de ser un rumor. Desde La Plata, el intendente Julio Alak acumula reuniones con dirigentes de toda la provincia y el conurbano. Ferraresi rompió el silencio con un cartel. Y Katopodis sale a la calle con un discurso que ya suena a campaña.
La sucesión de Axel Kicillof al frente de la Provincia de Buenos Aires arrancó antes de lo esperado. Y lo que era un juego de guiños a media voz se fue convirtiendo, semana a semana, en una carrera con candidatos cada vez más visibles.
El último en formalizar su interés, sin decirlo con palabras, fue el intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi. El fin de semana inauguró una Unidad Básica junto a la Madre de Plaza de Mayo Carmen Arias y la agrupación La Patria No Se Vende. El cartel del local fue lo más elocuente: «Axel Presidente, Ferraresi Gobernador». Sin ambigüedades.
Ferraresi integra el Movimiento Derecho al Futuro (MdF), espacio de raíz kicillofista. En las últimas semanas se reunió con el bloque de Miguel Ángel Pichetto, Emilio Monzó y Nicolás Massot, con el exgobernador Felipe Solá y recibió el apoyo público del ministro Andrés Larroque, quien dijo en abril que el intendente de Avellaneda «se merece» ser el próximo gobernador.
Katopodis: perfil alto y recorrida constante
Antes de que Ferraresi apareciera en escena, el ministro de Infraestructura bonaerense, Gabriel Katopodis, ya venía trabajando su candidatura de manera metódica. La semana pasada encabezó una protesta por el cierre de pymes. Días antes, organizó una movilización para reclamarle al ministro de Economía nacional, Luis Caputo, fondos retenidos, obras pendientes y una baja en el precio de las naftas.
Con un discurso anti-Milei bien tallado, Katopodis tiene un activo que sus competidores internos le reconocen: encabezó la lista de senadores provinciales por la Primera Sección en las legislativas de 2025 y le aportó al peronismo un triunfo clave en el distrito más pesado electoralmente del país.
Alak sigue sumando: La Plata como base de operaciones
El que más interesa desde la mirada platense es, claro, Julio Alak. El intendente de La Plata viene construyendo su candidatura con la misma lógica que sus competidores: mostrar gestión en el municipio y tejer acuerdos con dirigentes de toda la provincia.
En ese camino visitó distritos del interior como Pehuajó —donde gobierna el cristinista Pablo Zurro— y recibió en La Plata a varios intendentes: Carlos Ferraris (Leandro N. Alem), Walter Wischnivetzky (Mar Chiquita), Mauro Poletti (Ramallo) y Guillermo Britos (Chivilcoy), entre otros.
También se reunió con Pichetto, Monzó y Diego Bossio, el mismo círculo que frecuentan Ferraresi y Katopodis. La foto con ese trío ya funciona como un rito de iniciación en la carrera por la Gobernación.
El gesto político más claro lo dio el 12 de marzo, cuando Alak habló públicamente de una posible candidatura de Kicillof a la Presidencia y le brindó su apoyo «incondicional». Una movida que, leída en clave de sucesión, no es inocente: posiciona a Kicillof en la escena nacional y deja libre el carril provincial.
El pelotón que crece
La lista no termina ahí. En Los Polvorines, cerca de 120 dirigentes lanzaron el fin de semana la candidatura de Leonardo Nardini, intendente de Malvinas Argentinas, quien ya acumuló encuentros con el pastor Dante Gebel, el exgobernador de San Juan Sergio Uñac y, según trascendió, con Cristina Fernández de Kirchner.
Por el lado de La Cámpora, siempre suena Máximo Kirchner, aunque quien viene posicionándose con más constancia es la diputada Mayra Mendoza. También aparece en escena, con pintadas en el conurbano, la intendenta de Moreno, Mariel Fernández.
Y el Frente Renovador de Sergio Massa también pondrá nombres sobre la mesa, aunque todavía sin candidato visible.
El PJ bonaerense tiene por delante un largo proceso de construcción interna antes de llegar a las definiciones de 2027. Pero la aceleración de los últimos meses —reuniones, actos, carteles— muestra que nadie quiere llegar tarde. Para Alak, la ventaja de operar desde La Plata, capital política de la provincia, puede ser un diferencial. La desventaja: es el candidato más expuesto a la mirada cotidiana de dirigentes, militantes y medios provinciales. Cada paso se ve de cerca.


