Lunes 15 de junio de 2026
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Se fue Taty Almeida: la madre que convirtió el dolor en lucha y nunca dejó de buscar

Taty Almeida murió este domingo 14 de junio a las 19.20 en el Hospital Italiano de Buenos Aires. Tenía 95 años y estaba rodeada de su familia cuando su corazón decidió detenerse. Hasta los minutos finales, quienes la acompañaban sostuvieron la esperanza de una respuesta que nunca llegó: dónde está Alejandro, su hijo, desaparecido hace 51 años.

Esa pregunta fue el motor de toda su vida adulta. Y la respuesta ausente, paradójicamente, la convirtió en una de las voces más reconocidas de la historia democrática argentina.

Una vida que cambió el 17 de junio de 1975

Su nombre real era Lidia Estela Mercedes Miy Uranga. Había nacido el 28 de junio de 1930 en el barrio porteño de Belgrano. Trabajó como maestra de grado. Formó familia con Jorge Almeida y tuvo tres hijos. Vivía, hasta ese entonces, una vida convencional en una familia con fuertes vínculos militares: su padre fue oficial de Caballería, su hermano llegó a coronel.

Todo cambió el 17 de junio de 1975. Esa tarde, Alejandro —su segundo hijo, de 20 años, estudiante de Medicina en la UBA y trabajador de la agencia Télam— salió de su casa y le dijo a su madre: «Mamá, ya vengo». Nunca volvió. Fue secuestrado por la Triple A durante el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón.

Taty lo buscó por todos los caminos que conocía. Usó sus contactos militares, siguió pistas, golpeó puertas. Nada. Con el tiempo fue descubriendo también quién era Alejandro: su militancia, sus convicciones, los poemas que escribía en secreto. Encontró una libreta con 24 textos suyos. Uno, escrito el 13 de enero de 1975, seis meses antes de su desaparición, parecía saberlo todo de antemano: «Si la muerte me sorprende de esta forma tan amarga, pero honesta, si no me da tiempo a un último grito desesperado y sincero, dejaré el aliento, el último aliento, para decir te quiero.»

Años después, Taty publicó esos poemas en un libro. Y resumió esa transformación con una frase que se volvió parte de ella: «Alejandro me parió a mí».

El camino hacia las Madres

En 1979, en plena dictadura, se acercó a la organización que comenzaba a tomar forma alrededor de la Pirámide de Mayo. Fue María Adela Antokoletz quien la recibió con una pregunta simple: «¿A vos quién te falta?». Esa pregunta le devolvió algo que la búsqueda individual no le daba: compañía en el dolor.

Desde entonces no se detuvo. Denunció la desaparición de Alejandro ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y declaró ante la CONADEP. Con el paso de los años integró Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, el sector que se separó internamente del movimiento original, y terminó asumiendo su presidencia. Junto a su inseparable compañera Nora Cortiñas —fallecida en 2024— conformó uno de los binomios más reconocidos de la lucha por la memoria en Argentina.

Una voz que atravesó cincuenta años de democracia

Taty Almeida nunca dejó de aparecer. En marchas, en actos, en escuelas, en tribunales, en las rondas de los jueves alrededor de la Pirámide. Sostuvo siempre que la represión estatal había comenzado antes del golpe del 24 de marzo de 1976, y que por eso Alejandro fue uno de los primeros desaparecidos. Lo repitió hasta el final, con la misma convicción serena que la hizo difícil de ignorar.

En los meses previos al 50° aniversario del golpe fue una de las impulsoras de la masiva movilización del 24 de marzo de 2026. Ese mismo año recibió el doctorado honoris causa de la Universidad de Buenos Aires. «Las locas seguimos de pie», dijo entonces, en lo que sería una de sus últimas apariciones públicas multitudinarias.

También en sus últimas reflexiones reconoció la realidad del movimiento con serenidad: «Quedamos 3 madres y 2 abuelas, pero estamos tranquilas porque la posta ya la hemos pasado.»

Las despedidas

La confirmación de su muerte llegó a través de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora: «Con un dolor muy profundo, nos toca compartir la noticia más triste. Hoy partió nuestra querida Taty Almeida. Gracias por tu compromiso, por tu militancia, por tu ternura y por cada palabra que siempre será un refugio y un abrazo.» La organización también escribió: «Gracias por enseñarnos que amar es resistir, que la única lucha que se pierde es la que se abandona.»

El intendente de La Plata, Julio Alak, expresó su dolor en redes: «Su ejemplo de coraje y lucha incansable por la Memoria, la Verdad y la Justicia vivirá por siempre en el corazón de nuestro pueblo.» La Comisión Provincial por la Memoria —con sede en nuestra ciudad— también la despidió con un recordatorio de su historia.

El velatorio se realizó en la sede de FOETRA, el sindicato de telecomunicaciones, donde Taty solía festejar sus cumpleaños.

Nunca pudo hallar a Alejandro. Pero en ese camino sin respuesta construyó algo más grande que cualquier respuesta posible: una forma de hacer de la pérdida, lucha; del duelo, compromiso; del dolor más íntimo, causa colectiva.

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