Diego Santilli asumió la Jefatura de Gabinete con más poder estructural que cualquiera de sus antecesores en el cargo. El Decreto 571/2026 eliminó el Ministerio del Interior y transfirió todas sus atribuciones al nuevo jefe de ministros. Así, Santilli se convirtió en el gran articulador político del gobierno de Javier Milei.
Sin embargo, la lapicera apenas rozó el papel y ya llegaron las primeras presiones. El PRO, su propio espacio de origen, le preparó una «listita» de temas truncos. Además, la tarea más urgente que le encargaron desde Casa Rosada –reformar el sistema electoral para eliminar las PASO antes de 2027– se perfila como un laberinto sin salida fácil.
Por si fuera poco, en la provincia de Buenos Aires sus hombres ya mueven el tablero territorial. Todo ocurre antes de que el nuevo jefe de Gabinete termine de acomodarse en el despacho.
Una jefatura que absorbe todo
La reestructuración del Ejecutivo no es un simple cambio de nombres. Es, en cambio, una decisión política de fondo. El gobierno concentra en la Jefatura de Gabinete la coordinación política del Ejecutivo y la relación con los gobernadores, funciones que históricamente correspondían al Ministerio del Interior.
En consecuencia, Santilli controla ahora áreas clave como Asuntos Políticos, Relaciones con Provincias y Municipios, la Reforma Política, la Dirección Nacional Electoral, el Renaper, el INAI y la AABE. Para gestionar esa arquitectura de poder, se crearon dos nuevas vicejefaturas bajo su órbita. Guillermo Devitt asumió como Vicejefe de Gabinete con responsabilidades en coordinación parlamentaria, asuntos estratégicos y ciencia. Gustavo Coria, por su parte, quedó al frente de la Vicejefatura del Interior, encargada de la relación cotidiana con las provincias.
El resultado es un gabinete de solo ocho ministerios más la Jefatura. La reducción es clara: Santilli manda más.
El PRO ya llegó con la «listita»
Ni siquiera pasó una semana del debut y las presiones se amontonaron. El gobernador de Chubut, Ignacio «Nacho» Torres, llegó a la primera reunión con una agenda propia. «Voy con la listita de temas que tenemos truncos. Ahora que tenés la lapicera, que salgan», lanzó el mandatario antes del encuentro.
Además, amplió Torres: «Va a poder hacer mucho más ágiles algunas cuestiones institucionales en las que necesitamos avanzar.» La frase condensa la dinámica que se viene. El PRO convirtió rápidamente el ascenso de Santilli en una palanca de presión.
Sin embargo, esa «lapicera» no opera en el vacío. Santilli tiene compromisos con Casa Rosada y con Karina Milei. Al mismo tiempo, enfrenta a un PRO que no es un aliado incondicional: es su espacio de origen, pero ya no le pertenece.
La reforma electoral, la primera prueba de fuego
Desde Casa Rosada le encomendaron a Santilli una tarea central y urgente: destrabar la reforma electoral. El objetivo es eliminar –o al menos suspender– las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias antes de 2027. Karina Milei quiere el sistema electoral definido en septiembre, cuando arrancarán las primeras actividades de campaña.
Por eso, Santilli aceleró las gestiones desde el primer día. Visitó el Senado y habló con los gobernadores radicales Alfredo Cornejo (Mendoza), Leandro Zdero (Chaco) y Juan Pablo Valdés (Corrientes). También anunció que se tomará 15 días para negociar la letra chica con los mandatarios provinciales. No obstante, los obstáculos son de fondo.
Macri no cede: el PRO como muro
La primera resistencia seria llegó desde el propio PRO. Mauricio Macri instruyó a su tropa para no aceptar la propuesta alternativa del gobierno. En concreto, el oficialismo propone un sistema de colectoras legislativas que habilitaría varias nóminas bajo una misma candidatura presidencial.
Sin embargo, Macri mantiene las PASO como herramienta de negociación para un eventual acuerdo más amplio con Milei. Por eso, no está dispuesto a cederlas sin contrapartida. Cristian Ritondo, jefe del bloque PRO en Diputados y socio político de Santilli desde hace casi dos décadas, fue aún más directo.
«La democracia tiene costos y el objetivo es eficientizarlos. En lo personal creo que una alternativa que vale la pena explorar es la de primarias no obligatorias, es decir, que cada partido decida si las usa o no», dijo el diputado. Su postura choca de frente con la de Santilli, que defiende la eliminación completa bajo el argumento del costo fiscal.
Para aprobar la reforma electoral se necesita mayoría absoluta en ambas cámaras: 37 votos en el Senado y 129 en Diputados. Sin el PRO –3 votos en el Senado y 12 en Diputados– el margen es mínimo. La última sesión lo confirmó: el Super-RIGI se aprobó con apenas un voto de ventaja sobre la mayoría absoluta.
La UCR, la clave que Santilli necesita
El radicalismo es el otro gran nudo de la negociación. Con 10 bancas en el Senado, la bancada de la UCR puede condicionar el cuórum y la suerte de cualquier reforma. Por eso, Santilli fijó en los gobernadores radicales su principal apuesta: Cornejo, Zdero y Valdés son los contactos activos.
No obstante, tres senadores del bloque no participan de las negociaciones: Flavio Fama (Catamarca), Daniel Kroneberger (La Pampa) y Maximiliano Abad (Buenos Aires). Este último caso llama especialmente la atención: Abad es el senador radical del distrito que el propio sistema de colectoras apunta a resolver políticamente. Que nadie lo haya contactado todavía revela las dificultades del armado.
Además, desde la bancada radical, el jefe del bloque Eduardo Vischi presentó un proyecto propio. No elimina las PASO, sino que las vuelve no obligatorias para ciudadanos y partidos. Es una propuesta que el gobierno descarta porque quiere organizar solo los comicios de octubre.
Las colectoras, una solución que genera más preguntas que respuestas
La propuesta oficial busca seducir a aliados que no quieren quedar «pegados» a La Libertad Avanza, pero tampoco están interesados en sostener las PASO. La idea es habilitar que el candidato presidencial tenga varias nóminas para cargos legislativos bajo su boleta. Por ejemplo, en Corrientes podrían habilitar una nómina radical y las bancas quedarían repartidas entre el oficialismo y su aliado local.
Sin embargo, el propio gobierno reconoce que el borrador tiene aspectos sin resolver. «Ver cómo aplicamos las colectoras sería un segundo paso. Por ahora todo está en evaluación y negociación», reconoció un integrante de la mesa política. De hecho, la Secretaría Legal y Técnica, que dirige María Ibarzábal, no fue siquiera consultada al cierre de las primeras conversaciones.
Santiago Caputo, el estratega del Salón Martín Fierro, tampoco era parte del debate. «No escuchamos nada sobre ese tema», dijeron desde su entorno. Además, el mecanismo tiene una limitación estructural: no aplica para la elección de senadores. En esa cámara, el oficialismo podría perder bancas si el peronismo unificado obtiene un mayor porcentaje.
La guerra silenciosa en el territorio bonaerense
El poder formal del Decreto 571/2026 tiene un correlato silencioso pero igualmente elocuente en los municipios de la provincia de Buenos Aires. La asunción de Santilli como jefe de Gabinete no es solo un cambio en el organigrama nacional. Es también la señal de largada de una reconfiguración profunda en el mapa interno de La Libertad Avanza en la Provincia.
El principal afectado es Sebastián Pareja, coordinador libertario bonaerense. Los Menem –aliados de Santilli– ya empezaron a intervenir las estructuras locales antes de que el nuevo jefe de Gabinete terminara de acomodarse en el despacho. En consecuencia, el armado de Pareja siente la presión en casi todas las secciones.
En la Séptima sección, por ejemplo, el ex intendente de Olavarría Ezequiel Galli ya camina «con traje de referente seccional». Esta semana realizó una cena con su círculo de confianza para trazar los lineamientos de un reseteo del armado libertario en la región. También tiene previstas reuniones con cámaras empresarias locales.
El ascenso de Galli se lee directamente como la caída en desgracia de la actual referente de LLA en Olavarría, Celeste Arouxet –jefa regional de Anses– y de su ladero Guillermo Lascano, titular de Pami. «Van a tener que repartir las delegaciones», dijeron fuentes con llegada a las oficinas nacionales.
La intervención, además, no se limita a esa sección. En Tigre, los Menem corrieron al dirigente que encabezó la boleta libertaria en las últimas dos elecciones para poner en Anses a la ex concejal del PRO Vanina Pignata. En Mercedes, en tanto, la Jefatura Regional de Anses quedó en manos de la concejal PRO Mercedes Condesse, referente de Santilli en la región.
El patrón es claro: el ascenso de Santilli se traduce en un avance del PRO sobre las posiciones del aparato nacional en el territorio bonaerense. Es una batalla que se libra delegación por delegación, pero cuyas consecuencias se sentirán en las listas de 2027.
Un poder que necesita ser construido a diario
Santilli acumula poder en dos planos simultáneos: el institucional, con la absorción del Interior; y el territorial, con el avance de su red en la Provincia sobre las posiciones de Pareja. Sin embargo, en ambos frentes el poder formal no garantiza resultados.
El horizonte de septiembre fijado por Karina Milei presiona sobre todos los actores. Santilli tiene 15 días para negociar con gobernadores. Mientras tanto, Macri usa las PASO como moneda de cambio y Ritondo cuida las internas del PRO. La UCR, por su parte, sigue fragmentada entre los que negocian y los que rechazan.
En la Provincia, además, Pareja no está dispuesto a ceder sin dar pelea. El «Colo» llega con más poder formal que ningún jefe de Gabinete reciente. Sin embargo, la pregunta que se hace el sistema político es si ese poder alcanzará para navegar un mapa de alianzas tan fragmentado –en el Congreso, en las provincias y en la interna libertaria bonaerense– como el que heredó.


