La carta de la expresidenta ante la ONU detonó una semana que tuvo de todo: operativos clamor, esquive de fotos, fuego amigo en la Legislatura y un gobernador que construye su propio armado sin soltar la tensión con el kirchnerismo. El año electoral 2027 ya empezó.
Por Rubén D. Bárcena (*)
Fue una semana que funcionó como bisagra. La carta de Cristina Kirchner del miércoles —con el anuncio de su reclamo ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU y una frase sobre la «voluntad popular» que el kirchnerismo leyó como señal de largada— reorganizó la agenda del peronismo bonaerense de golpe. Desde ese momento, cada movimiento se midió en relación a esa definición. Y casi todos terminaron diciéndole algo a Axel Kicillof.
La expresidenta publicó su carta y en el peronismo bonaerense se la leyó con doble fondo. El anuncio jurídico —los abogados Rafael Valim y Javier Borrego llevarán la Causa Vialidad ante la ONU— importó. Pero la frase que todos subrayaron fue política: que ninguna proscripción logró apagar la voluntad popular.
El kirchnerismo interpretó el mensaje como una habilitación. En menos de 48 horas, Kolina —el partido de Alicia Kirchner— organizó en el microcentro porteño un acto bajo la consigna «Poder Elegirla», donde el legislador Andrés La Blunda convocó a una «sublevación democrática» y fijó un límite programático que no suele decirse tan fuerte: en 2027 no alcanza con ganarle a Milei, hay que vencer su modelo económico. Simultáneamente, Nuevo Encuentro de Martín Sabbatella empapeló ciudades de todo el país con la consigna «Cristina Libre».
El operativo clamor llegó antes de que empezara formalmente la campaña.
Máximo subió la apuesta y le habló a Kicillof sin nombrarlo
Máximo Kirchner no dejó pasar la oportunidad. El mismo día salió en radio a amplificar la carta de su madre y fue explícito: el kirchnerismo quiere que Cristina encabece la lista presidencial en 2027, inhabilitación mediante. La frase que resonó fue calculada: la posibilidad de esa candidatura «pone nerviosas a muchas personas”.
No aclaró a quiénes. Pero en el peronismo bonaerense, nadie necesitó que lo hiciera. El gobernador que construye su propio espacio con el Movimiento Derecho al Futuro, que evita las fotos con La Cámpora y que esta semana estuvo reunido en La Plata consolidando alianzas federales, es el destinatario más obvio de esa incomodidad.
Kicillof esquiva las fotos
El gobernador consolidó esta semana un patrón que ya nadie puede atribuir a la casualidad. No fue al acto por el aniversario de Evita en Moreno —donde estaba Máximo—, y tampoco estuvo este sábado al acto en La Rioja que el gobernador Ricardo Quintela organizó con la figura del obispo Angelelli como marco y la unidad peronista como objetivo. Máximo fue. Kicillof mandó a Cristina Álvarez Rodríguez: presencia sin exposición.
Mientras tanto, construye. Ministros bonaerenses como Carlos Bianco, Walter Correa y Javier Rodríguez encabezaron reuniones en Entre Ríos y Santa Fe. El propio Kicillof consolida el MDF como estructura nacional propia. El mensaje es claro: va por afuera del kirchnerismo duro, pero todavía sin decirlo.
No todo el ruido de la semana vino del kirchnerismo. El Frente Renovador de Sergio Massa también movió fichas, pero hacia adentro del oficialismo bonaerense. La senadora Valeria Arata presentó un pedido de informes sobre los resultados educativos de la provincia, apuntando directamente al Ejecutivo provincial. El massismo usó el recinto para marcar la cancha: comparte la coalición Fuerza Patria, pero con agenda propia y sin subordinación automática.
No es la primera vez. Ya lo habían hecho con la falta de sesiones y con las críticas al vínculo de Kicillof con el conurbano. El patrón también es consistente en este caso.
La Ley de Tierras: el tema que une lo que la interna separa
En medio de todo ese ruido interno, apareció el único eje capaz de alinear al peronismo bonaerense sin importar el sector: la Ley de Tierras. El kirchnerismo presentó en la Legislatura provincial un proyecto para limitar la tenencia extranjera de suelo rural —firmado por Tignanelli, Saavedra y la referente de Grabois— y el MDF convocó a movilizarse al Congreso el 6 de agosto, cuando el Senado nacional retoma el debate sobre la apertura a capitales extranjeros.
Kicillof ya había sido contundente en Avellaneda: «Están queriendo votar una ley para que se pueda vender el territorio argentino al mejor postor». En un tablero donde cada diferencia se amplifica, encontrar un tema que une a kirchneristas, massistas y el espacio del gobernador tiene un valor político que la interna no puede darse el lujo de desperdiciar.
Alak, la Liga de Intendentes y el armado local que mira el 2027
Desde La Plata, la semana también tuvo sus propios movimientos. El intendente Julio Alak recibió en su despacho a la diputada nacional Natalia de la Sota —referente del peronismo cordobés— sumando otra pieza a su armado con proyección a la gobernación bonaerense. Y unos días antes, el denominado Grupo AFA se formalizó como «Liga de Intendentes», ampliándose al interior provincial y sumando a Mariel Fernández.
El tablero de la conducción del PJ bonaerense tiene múltiples jugadores: Kicillof, el kirchnerismo duro, el massismo, los intendentes con agenda propia. Todos construyen, nadie espera al 2027.
(*) Editor en InfoPlatense


