Sábado 22 de agosto de 2026
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La Yihad contra las Corporaciones de la Distracción: quiénes son los Gandalf que desafiaron a Thiel

Se reúnen todos los lunes, no tienen Instagram ni X, se comunican por correo y cosen sus propios disfraces. Son jóvenes de alrededor de 30 años que llevan más de un año construyendo una forma nueva de militancia contra el poder de las grandes plataformas digitales. La protesta frente a la mansión de Thiel los hizo conocidos en todo el mundo.

Las últimas reuniones de los lunes de la Yihad contra las Corporaciones de la Distracción fueron con tela, aguja e hilo, pegamento y alambre. Entre charlas políticas y personales, cosían trajes. Cuando todo estuvo listo, siguieron las instrucciones de un correo electrónico, se juntaron junto al lago de la Plaza Sicilia, armaron un aquelarre y se pusieron en marcha: tres decenas de magos grises caminaron casi dos kilómetros hasta Barrio Parque, pasaron frente al Instituto Nacional Sanmartiniano y aplaudieron a los Granaderos que regresaban de una ceremonia por el 17 de agosto. Después se plantaron frente a la mansión de Peter Thiel.

La Yihad contra las Corporaciones de la Distracción es un colectivo político autogestivo de Buenos Aires que se reúne semanalmente sin utilizar redes sociales tradicionales para cuestionar el impacto de las grandes tecnológicas. Una investigación publicada por Revista Anfibia, escrita por Flavio Rapisardi, reconstruyó quiénes son y cómo funciona el movimiento.

Quiénes son: jóvenes, heterogéneos y sin carnet partidario

La agrupación está integrada mayoritariamente por jóvenes de alrededor de 30 años, aunque su composición política está lejos de ser homogénea. Hay estudiantes, trabajadores, personas con experiencia dentro de organizaciones políticas y otras que nunca habían militado antes. En encuentros más grandes, como sus llamados «Slam de discurso político», pueden reunir a más de cien personas.

No son una organización vertical ni tienen un líder declarado. La Yihad contra las Corporaciones de la Distracción no tiene Instagram, ni X, ni Facebook. Solo en Substack tienen la publicación «Tiempo Yihadista» con ciento treinta suscriptores, allí publica desde hace poco tiempo un podcast y notas.

La convocatoria a la marcha contra Thiel llegó por correo electrónico. La lista de quiénes asistirían no estaba en ninguna red social. El dispositivo de comunicación es, en sí mismo, parte del manifiesto.

Qué piensan: la captura de la atención como problema político

El núcleo ideológico del colectivo no es la resistencia al capitalismo en términos generales sino algo más específico: «La Yihad contra las Corporaciones de la Distracción es un esfuerzo colectivo por hacer circular la percepción de que el modo de existencia que nos imponen hoy las plataformas estandariza nuestra experiencia digital, empobrece nuestra experiencia vital y daña nuestra capacidad de organización política.”

Y el diagnóstico es preciso: «Las plataformas de las Corporaciones de la Distracción están diseñadas para hacer que permanezcamos en ellas la mayor cantidad de tiempo que sea posible. Y mientras los cuatro o cinco tipos más ricos del mundo ganan guita secuestrando nuestra atención, vamos concediendo terreno a las lógicas de su imperio en el campo de la subjetividad y del contrato social.»

La paradoja que señalan es real: el movimiento que critica a las redes sociales se hizo conocido a través de las redes sociales. Pero lo hizo sin tener presencia en ellas. Fueron otros —medios, usuarios, periodistas— quienes viralizaron la imagen de los Gandalf. El colectivo no tuiteó ni posteó. Actuó en la calle y dejó que el mundo lo registrara.

Cómo actúan: lo artesanal y callejero como método

El grupo se concentró en Plaza Sicilia y caminó cerca de dos kilómetros hasta Barrio Parque. Durante el recorrido pasó por el Instituto Nacional Sanmartiniano y se detuvo para aplaudir a los Granaderos que regresaban de una ceremonia por el 17 de agosto.

Todo en la acción fue analógico y deliberado. Los trajes los cosieron ellos mismos. La comunicación fue por correo. El recorrido fue caminando. La bandera la fabricaron a mano. La elección de Gandalf como personaje no fue azarosa sino el resultado de semanas de trabajo colectivo que cruzó la admiración de Thiel por Tolkien con la función que ese personaje cumple en la saga: el que se planta frente al poder y dice que no va a pasar.

Por qué Tolkien: la devolución simbólica

La elección de Gandalf estuvo directamente relacionada con el universo de J.R.R. Tolkien, del que Thiel es admirador. Varias de sus compañías llevan nombres tomados de esa obra, como Palantir, Mithril Capital y Valar Ventures.

Las palantir en el universo de Tolkien son las Siete Piedras Videntes: objetos capaces de mostrar acontecimientos a gran distancia y de permitir a quien las utiliza observar e informarse sobre otras personas. Thiel tomó ese nombre para una empresa que vende exactamente eso: la capacidad de vigilar y procesar datos masivos para gobiernos y fuerzas de seguridad. La ironía de la protesta es perfecta: usaron la mitología del propio Thiel para señalar lo que esa mitología oculta.

La acción que dio la vuelta al mundo

Los «Gandalfs» son integrantes de la Yihad contra las Corporaciones de la Distracción, un colectivo político y cultural integrado principalmente por jóvenes, trabajadores y estudiantes que cuestionan el poder de las grandes plataformas digitales y el impacto de la economía de la atención sobre la vida social y política.

La imagen de los treinta magos grises frente a la mansión del cofundador de Palantir fue reproducida en medios europeos, latinoamericanos y de Estados Unidos. Un colectivo sin Instagram, sin X y con 130 suscriptores en Substack logró una cobertura que ninguna campaña de comunicación digital habría podido comprar.

Es, en sí mismo, la mejor demostración de su argumento: que la acción directa en el espacio físico, artesanal e imposible de ignorar, sigue siendo más poderosa que cualquier algoritmo.

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