Martes 12 de mayo de 2026
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Balance de Kicillof en Córdoba: salas llenas, cánticos presidenciales y el primer paso del armado 2027

El gobernador bonaerense pasó dos días en una provincia históricamente hostil al kirchnerismo y regresó a La Plata con una lectura política clara: la federalización de su figura ya empezó.

Axel Kicillof recorrió La Falda, Cosquín y la UTN de Córdoba Capital. Las presentaciones tuvieron sala llena. Los cánticos de «Axel presidente» se escucharon en más de un acto. Y Héctor Daer, titular de la FATSA y uno de los sindicalistas con más peso real en la CGT, apareció para darle respaldo público. Para el entorno del gobernador, la visita fue exactamente lo que necesitaban: demostrar que el kicillofismo puede funcionar fuera del conurbano.

Lo que el viaje era y lo que no era

Desde La Plata se cuidan de no llamarlo campaña. La narrativa oficial del entorno es otra: se trata del inicio de una «construcción federal» que busca articular con «todo el mundo» para ofrecer una alternativa al modelo de Javier Milei de cara a 2027.

La diferencia entre campaña y armado puede parecer semántica, pero tiene implicancias concretas. Kicillof todavía no tiene definida su posición en la interna del peronismo nacional —la tensión con el cristinismo sigue latente— y moverse como candidato a presidente lo obligaría a definiciones que prefiere postergar.

El dato que más circuló en el búnker platense

En sus discursos cordobeses, Kicillof volvió a usar una cifra que ya había lanzado antes pero que ahora cobra otro peso político: la demanda de atención en hospitales públicos de la provincia aumentó un 65% en el último período. Lo usó como argumento central de su diagnóstico: las políticas nacionales no sólo están «perjudicando financieramente a las provincias» sino generando una crisis social concreta y medible.

Que lo haya dicho en Córdoba —y no solo ante audiencias bonaerenses— es la señal: el gobernador quiere que ese relato trascienda las fronteras de su distrito.

Daer y la apuesta sindical

El respaldo de Héctor Daer no es menor. El líder de la Sanidad no es un dirigente cualquier: tiene peso real en la CGT y representa una línea sindical que habitualmente se mueve con pragmatismo. Que aparezca junto a Kicillof en Córdoba dice varias cosas al mismo tiempo.

Le dice al peronismo del interior que el gobernador bonaerense puede articular con el sindicalismo tradicional. Le dice a la central obrera que hay un actor político dispuesto a darle centralidad. Y le dice a Cristina Kirchner que Kicillof está construyendo sus propias alianzas, sin pedirle permiso.

El elefante en la habitación: Llaryora

Kicillof estuvo dos días en Córdoba y no se reunió con el gobernador Martín Llaryora. No es un dato menor. El peronismo cordobés viene navegando una relación incómoda con el kirchnerismo, y Llaryora —que ganó con votos propios y una identidad política diferenciada— no tenía por qué abrirle las puertas.

El entorno platense lo presentó como que «mostraron disposición» a buscar coincidencias. Traducido: fueron, tuvieron convocatoria propia, y no necesitaron al gobernador local para legitimarse.

Lo que viene desde La Plata

El kicillofismo siente que la visita a Córdoba fue exitosa, pero sabe que una golondrina no hace verano. El desafío de los próximos meses es sostener esa presencia federal sin perder la base bonaerense, resolver la interna con el cristinismo antes de que explote, y construir una identidad política que no sea simplemente «peronismo sin Cristina».

Si los números electorales de 2027 acompañan en la provincia —condición indispensable para cualquier proyección nacional— el viaje a Córdoba habrá sido el primer capítulo de algo más grande. Si no, quedará como un acto con buena convocatoria y cánticos que nadie terminó de escuchar.

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