Manuel Adorni dejó la Jefatura de Gabinete el sábado, pero lo que de verdad cambió de lugar fue el equilibrio de fuerzas dentro del Gobierno de Javier Milei. La salida del exvocero, después de casi cuatro meses de escándalo patrimonial, funcionó como detonante de una pelea de poder que venía cocinándose desde marzo entre Karina Milei, Santiago Caputo y Patricia Bullrich, con Mauricio Macri operando desde afuera. Esa interna, más que la renuncia en sí, es la que define el nuevo mapa libertario.
Una salida consensuada lejos de Milei
Adorni presentó su renuncia el sábado mediante una carta dirigida al Presidente, publicada en Twitter, en la que agradeció a Javier y Karina Milei y aseguró irse «sin un solo hecho de corrupción» sobre sus espaldas. Pero la decisión no la tomó Milei. Se cerró el viernes, mientras el Presidente todavía estaba en España, cuando Karina Milei y Santiago Caputo consensuaron que el exjefe de Gabinete debía dar un paso al costado.
Ese detalle no es menor. Según trascendió, Milei llegó al país furioso, culpando a Macri y a un empresario de medios crítico de la gestión de Adorni por haber precipitado la caída de su funcionario de mayor confianza. Incluso debieron reescribir la carta de renuncia porque la primera versión, calificada internamente como «una catástrofe», no transmitía la narrativa de salida voluntaria que buscaba el círculo presidencial.
El texto final, en cambio, construyó una narrativa de víctima: Adorni habló de una «carnicería mediática», de operaciones que alcanzaron a su esposa, sus hijos y hasta sus vecinos, y remarcó que el límite que encontró fue personal, no político. Lo cierto es que la salida llegó después de que el propio Congreso, incluidos aliados, avanzara con los pedidos de interpelación, y de que sus propios compañeros de gestión dejaran de defenderlo.
Bullrich, la gran ganadora de una pelea riesgosa
Si hay una dirigente que sale fortalecida de estas semanas es Patricia Bullrich. Fue la primera funcionaria oficialista en pedirle explicaciones públicas a Adorni, mucho antes de que la Casa Rosada aceptara soltarlo, y mantuvo esa posición incluso cuando desde el entorno de Karina Milei le bajaban la orden de «controlar» su discurso. Esa apuesta, jugada al filo de la lealtad interna, hoy la deja como la dirigente con mejor imagen dentro del espacio libertario, lejos de los números de Macri.
La tensión entre Bullrich y Adorni llegó a un punto alto esta semana, cuando el exvocero insistió en presentar su informe de gestión ante el Senado pese a la resistencia de la ministra de Seguridad. «No se puede trabajar con pelotudos», fue, según trascendió, su evaluación privada sobre la maniobra. Bullrich terminó levantando esa sesión y, una vez consumada la salida de Adorni, cerró su jugada con un mensaje en redes sobre la «confianza» y la «ética» como pilares del cambio que distancia su figura de la gestión que se va.
El ascenso de Santilli y el regreso del Interior
El otro gran beneficiario de la salida de Adorni es Diego Santilli, que asumirá la Jefatura de Gabinete y absorberá también el Ministerio del Interior, replicando el esquema que el Gobierno ya usó con Guillermo Francos. Será el cuarto jefe de Gabinete de la gestión libertaria en apenas dos años y medio, un récord de recambio que la propia administración preferiría no tener que explicar.
Santilli llegó a Interior en octubre de 2025 con el objetivo de tender puentes políticos después de la victoria de La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires, y desde entonces construyó vínculos tanto con Karina Milei como con Santiago Caputo, los otros dos vértices del «triángulo de hierro». Esa transversalidad es la que hoy lo convierte en la pieza con mayor consenso interno para ordenar la gestión.
Karina Milei, mientras tanto, pasará a manejar directamente el área de Medios, después de que la vocería ya hubiera sido reasignada a Adrián Ravier, con Fabián Fernández como secretario de Prensa. El esquema de comunicación que sostuvo a Adorni durante meses queda así completamente desarmado.
Un triángulo cada vez más PRO
Un dato que empieza a circular con fuerza en los despachos de la Casa Rosada es que tres de los nombres con mayor peso en el esquema libertario actual –Bullrich, Santilli y el flamante vicejefe de Gabinete Ignacio Devitt– tienen origen en el PRO. Devitt, un ex directivo de Phillip Morris que Adorni había reclutado para la Secretaría de Asuntos Estratégicos, queda ahora como la cara visible de esa continuidad, mientras evalúa en paralelo una candidatura a intendente de Vicente López.
Esa convergencia alimenta la lectura de que el espacio libertario, lejos de cerrarse sobre sí mismo, profundiza su dependencia de cuadros formados en el PRO para sostener la gestión, en un contexto donde Macri ya había anticipado que su partido votaría a favor de la interpelación a Adorni en el Congreso, una señal de que buscaba diferenciarse del desgaste oficialista sin romper del todo la cooperación legislativa.
El costo político de cuatro meses de escándalo
Más allá del recambio de nombres, la salida de Adorni deja una marca difícil de borrar: el Gobierno pierde buena parte del relato «anticasta» que constituyó su principal capital simbólico desde 2023. El propio Milei pasó, en apenas dos años, de prometer «cortar la mano» a cualquier sospecha de corrupción a sostener públicamente a su jefe de Gabinete incluso después de que este admitiera en televisión haber mentido en su declaración patrimonial.
Ese contraste no es un caso aislado. El mismo patrón de protección a funcionarios bajo sospecha se repitió en el escándalo de la criptomoneda $Libra, en el caso de los audios de la ANDIS que comprometían a Karina Milei, y en la situación judicial de José Luis Espert. La salida de Adorni no resuelve esa tensión de fondo entre el discurso fundacional libertario y su practica de gobierno; apenas la posterga.
La apuesta a la economía para la reelección
Con el affaire Adorni cerrado, al menos en el plano político, la Casa Rosada concentra ahora sus fichas en la economía como motor de la imagen presidencial. La inflación habría perforado por primera vez en el año el piso del 2% mensual, y el equipo económico defiende un esquema de dólar con suba acotada pese a la presión cambiaria de las últimas semanas. La lectura interna es clara: sin el ruido cotidiano del escándalo patrimonial, la gestión necesita mostrar resultados económicos concretos antes de las elecciones del año próximo, en las que Milei busca evitar a toda costa una segunda vuelta.
La pregunta que queda abierta, de cara a los próximos meses, es si el recambio de gabinete alcanza para sellar una interna que mostró fisuras reales entre los sectores que hoy conviven bajo el mismo signo político, o si la salida de Adorni fue solo el capítulo más visible de una pulseada de poder que recién empieza.


