Julio Silva, el encargado del edificio de Recoleta donde vivió la expresidenta, retractó su declaración de 2018 ante el tribunal oral y denunció que declaró bajo amenaza. El testimonio sacude uno de los pilares del expediente.
Ocho años después de haber prestado uno de los testimonios más citados de la causa Cuadernos, Julio Silva se plantó ante los jueces Fernando Canero, Germán Castelli y Enrique Méndez Signori y admitió lo que hasta ahora nadie había dicho con tanta claridad: mintió, firmó sin leer y lo hizo bajo presión.
«Ahí es donde cometí un delito y lo acepto. Firmé, pero no estaba de acuerdo. Ni lo leí», declaró este jueves el encargado del edificio de Recoleta donde residía Cristina Fernández de Kirchner durante los años del kirchnerismo en el poder.
Lo que dijo en 2018 y lo que dice ahora
La declaración original, firmada el 14 de agosto de 2018 ante el juez Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli, afirmaba que entre 2007 y 2010 Silva había visto entrar bolsos y valijas al departamento con una frecuencia de entre siete y quince días, y que Daniel Muñoz —exsecretario privado de Néstor Kirchner— ingresaba acompañado de otras personas.
Esta semana, Silva desmontó esa versión punto por punto.
«Eso de que venían con bolsos y valijas, eso yo no lo dije», sostuvo ante el tribunal. Y fue más lejos: describió un interrogatorio que duró más de dos horas, donde aseguró haber sido sometido a una presión explícita. Le recordaban, dijo, que tenía dos hijas. «Lo pasé muy mal», resumió.
Las consecuencias, según su propio relato, no terminaron al salir de Comodoro Py. Durante años recibió insultos en el barrio y en el edificio donde trabajaba. «Hijo de mil puta me decían», recordó sin eufemismos.
Qué sí reconoció sobre Muñoz
Silva no negó todo. Sobre Daniel Muñoz precisó que el exfuncionario «siempre andaba con un portafolio y a veces con un bolsito de mano», que tenía llave del departamento del quinto piso y acceso por ambas entradas del edificio. Una descripción que matiza, pero no elimina, su presencia habitual en el lugar.
También relató haber estado presente durante un allanamiento que se extendió por más de once horas. En ese marco, dijo haber escuchado una conversación telefónica entre el comisario a cargo y el juez que dirigía el operativo: el policía informaba que no había nada y pedía dar por terminado el procedimiento. La respuesta, según Silva, fue: «Si no encuentran algo, hasta mañana se van a quedar ahí».
El peso del testimonio en el juicio
El testimonio de Silva no es un detalle menor. Su declaración original integró el andamiaje acusatorio que sostuvo buena parte de la hipótesis sobre el ingreso de dinero al departamento de Kirchner. Que ahora el propio testigo la repudie —con nombre, apellido y culpa asumida— es un golpe directo a la solidez de esa construcción.
La causa Cuadernos lleva años transitando entre impugnaciones, retractaciones y escándalos procesales. Pero pocas veces un testigo clave se paró frente al tribunal a decir abiertamente: firmé algo que no era lo que yo había dicho.
Lo que venga después dependerá de cómo el tribunal interprete esta retractación y si habilita nuevas revisiones sobre otros testimonios construidos en el mismo contexto de presión que Silva describió hoy.


