Miércoles 15 de abril de 2026
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Inflación en rebote: el 3,4% de marzo le mete presión a Milei y reabre la pelea por el rumbo económico

El dato rompió la desaceleración que el Gobierno buscaba mostrar y deja al descubierto tensiones internas. Educación y transporte empujaron el índice, mientras abril asoma sin alivio y el FMI ya recalcula al alza.

El número cayó como un baldazo en la Casa Rosada. La inflación de marzo fue del 3,4% y no solo cortó la tendencia descendente: también puso en discusión el corazón del plan económico de Javier Milei.

En público, el Gobierno habló de factores externos. En privado, la preocupación es otra: el esquema empieza a crujir justo cuando necesitaba mostrar resultados.

No es solo un número: es una señal

El 3,4% no es un salto dramático en sí mismo. El problema es el contexto.

Después de meses de ajuste fuerte y caída del consumo, la apuesta oficial era clara: mostrar una inflación en descenso sostenido. Marzo rompió ese libreto.

Y lo más incómodo para el oficialismo es que no aparece un culpable único. Hay un combo: tarifas que siguen subiendo, servicios que se reacomodan y precios que no terminan de anclarse.

Educación y transporte: el golpe donde más duele

Los rubros que empujaron el índice no son casuales.

Educación —con subas en cuotas— y transporte —con ajustes tarifarios— pegaron directo en la clase media. En ciudades como La Plata, donde el gasto en colegios y movilidad pesa fuerte, el impacto se siente rápido.

No es un dato técnico: es político.

Cuando la inflación sube por estos componentes, el malestar no tarda en aparecer. Y ahí es donde el relato económico empieza a perder tracción.

Abril, sin red

El mercado ya descuenta que abril no traerá alivio. Las proyecciones hablan de un número parecido, lo que consolida un piso inflacionario más alto del esperado.

Esto complica el timing del Gobierno. La idea era llegar al segundo trimestre con números más ordenados para empezar a capitalizar políticamente el ajuste.

Hoy ese escenario está en duda.

El FMI y la advertencia incómoda

Como si faltara algo, el Fondo Monetario ya empezó a recalibrar.

La inflación de este año podría superar el 30%, una cifra que obliga a replantear expectativas y deja en evidencia que la estabilización no está garantizada.

En otras palabras: el margen de error es cada vez más chico.

Interna económica: lo que no se dice

Puertas adentro, el dato también reaviva tensiones.

El equipo económico insiste con el ajuste fiscal como ancla. Pero otros sectores empiezan a advertir que el costo social puede volverse un problema político si la inflación deja de ceder.

El dilema es claro:

seguir ajustando para sostener el programa o empezar a administrar el impacto antes de que se traduzca en desgaste.

La calle ya lo siente

En el Gran La Plata el efecto es concreto: consumo más frío, ingresos que no alcanzan y una sensación de que los precios “se acomodan solos”, más allá del plan oficial.

Ese desfasaje entre discurso y realidad es el punto más sensible. Porque cuando la inflación deja de bajar, el resto del ajuste pierde justificación social.

Lo que está en juego

El Gobierno necesita que la inflación vuelva a bajar. No por una cuestión técnica, sino política. Sin ese resultado, todo el programa económico queda más expuesto y la narrativa de orden empieza a perder fuerza.

Si abril confirma la tendencia, el segundo trimestre no arrancará como una etapa de consolidación, sino como una fase de tensión. Y ahí la discusión ya no será cuánto baja la inflación, sino cuánto margen le queda al Gobierno para sostener su estrategia.

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