Sábado 1 de agosto de 2026
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La economía real no repunta: datos de La Plata, la Provincia y el país muestran el mismo cuadro de crisis productiva

En La Plata cerró casi un corralón por mes durante el último año. En la provincia de Buenos Aires, 13 de las 16 ramas industriales operan por debajo de los niveles de 2023. En el resto del país, desaparecen alrededor de 30 empleadores por día desde que asumió Javier Milei. Tres escalas distintas, tres conjuntos de datos distintos, un solo diagnóstico: la economía real atraviesa una contracción que los indicadores macroeconómicos no capturan.

La Plata: un corralón por mes y sin obras a la vista

El sector de la construcción funciona en La Plata como un termómetro sensible del ciclo económico. Cuando hay obras, hay demanda de materiales, hay empleo en las cuadrillas, hay movimiento en los corralones. Hoy no hay nada de eso.

En el último año cerraron cerca de diez comercios de materiales de construcción en la ciudad, según la Asociación de Comerciantes e Industriales en Materiales de Construcción (Acimco). Entre ellos, el Aserradero Nelson, en 120 esquina 524, que durante décadas fue un punto de referencia de la actividad maderera en la región. También cerraron Casa Repetto y Marchini Materiales. Quedan unos 80 comercios en actividad, y están funcionando al 50% de su capacidad —habían tocado un piso del 40% meses atrás.

«Seguimos complicados», dijo Rodolfo Molinari, presidente de Acimco. El pequeño repunte que se registró en los últimos meses, aclaró, «no es parámetro de nada»: los clientes que volvieron a aparecer traían entre 200 y 800 dólares, destinados a refacciones, no a construcciones nuevas. Los constructores, mientras tanto, buscan proyectos fuera del partido, en Berazategui o en la costa atlántica. «Acá no se está construyendo a raíz de los cambios al Código de Ordenamiento Urbano y Territorial», señaló Molinari. El diagnóstico de Alejandro Guanzzetti, vicepresidente de la Federación Empresaria de La Plata, agrega otra capa: el nuevo COUT redujo las alturas habilitadas para edificios, lo que hace que muchos proyectos dejen de ser rentables. El crédito tampoco ayuda: «exigen ingresos altos y los sueldos no acompañan».

El cemento, los ladrillos y la arena siguen subiendo entre 2% y 3% por mes. Pero ese no es el problema principal. «La falta de ventas», dice Molinari, es lo que explica los cierres.

La Provincia: Vaca Muerta maquilla una crisis más amplia

El gobierno nacional puede mostrar indicadores industriales bonaerenses que parecen mejores que el promedio nacional. Pero el propio Gobierno provincial salió a explicar por qué esa lectura es engañosa.

El Índice de Producción Industrial Manufacturero de la provincia de Buenos Aires (ISIM-PBA) mostró en los últimos meses un desempeño superior al nacional. El ministro de Economía bonaerense, Pablo López, lo explicó en un hilo de X: la diferencia no se debe a una mejora generalizada de la actividad, sino al mayor peso que tienen en la estructura industrial provincial tres sectores vinculados al boom de Vaca Muerta. La refinación de petróleo creció 2,7%, los productos químicos 12% y la maquinaria 1%. Esas tres ramas explican el 37,4% del índice bonaerense, frente al 26,6% del índice nacional.

La contracara es que 13 de las 16 ramas industriales de la Provincia continúan operando por debajo de los niveles de 2023. Las caídas más fuertes se registran en metales comunes (-34,1%), minerales no metálicos (-25,9%), caucho y plástico (-22,6%) y fabricación de vehículos automotores (-16,5%). La industria automotriz cayó 16,4% interanual. «Una crisis industrial generalizada que el buen desempeño de combustibles y químicos apenas disimula en el índice agregado», sintetizó López.

A nivel nacional, el INDEC confirmó que la utilización de la capacidad instalada se ubicó en 58,4%, por debajo del 58,9% de un año atrás. La metalmecánica opera al 38,7% de su potencial. El sector textil, al 42,2%. La industria automotriz, al 45,5%. Casi la mitad del aparato productivo del país está parado.

El país: nacen pocas empresas y cierran muchas

El dato más duro de la coyuntura nacional no viene del INDEC sino del cruce entre dos bases de registro laboral. Según un informe de la consultora C-P Consultores sobre registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, sistematizado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), desde noviembre de 2023 desaparecieron 28.262 empleadores y se perdieron 341.396 puestos de trabajo formales.

La comparación que hacen los especialistas es inquietante: la tasa de apertura de nuevas empresas cayó a niveles comparables con los de la crisis de 2001-2002. Al mismo tiempo, la tasa de cierre ronda el 3,8%, cercana a los registros de la pandemia de 2020. La combinación es lo que preocupa: no es solo que cierren empresas, algo que también ocurre en períodos de transformación productiva, sino que nacen pocas firmas nuevas para reemplazarlas. La reducción fue casi exclusivamente en las empresas de hasta 500 trabajadores —28.196 de los 28.262 empleadores que desaparecieron pertenecen a ese segmento.

La pérdida de puestos de trabajo, en cambio, fue impulsada mayormente por las empresas más grandes: las compañías con más de 500 empleados explicaron el 68,65% de la destrucción de puestos (234.354 empleos). La industria manufacturera fue el sector que más trabajadores perdió en términos absolutos: 82.173. Le siguieron la administración pública (-76.862), la construcción (-75.426, una caída proporcional del 15,8%) y el transporte (-65.827).

C-P Consultores fue precisa en su diagnóstico: «En lugar de una economía en reestructuración, donde los sectores nuevos reemplazan a los viejos, el sector formal atraviesa un proceso de ajuste estructural.»

Lo que dicen las PyMEs desde adentro

La Encuesta de Expectativas Económicas PyME del segundo trimestre de 2026, elaborada por la Asociación ENAC sobre 255 empresas de 19 provincias —el 43,9% de Buenos Aires—, traduce estos números en voces directas del sector productivo.

El 46,7% de las PyMEs tuvo ventas negativas en volumen durante el trimestre. Solo el 16,4% mejoró. El 87,4% enfrentó aumento de costos, pero no puede trasladarlos a precios porque la demanda no lo permite: el 29,5% mantuvo o bajó sus precios pese a esa presión. El resultado es una tijera que aplasta la rentabilidad: el 32,2% de las empresas operó a pérdida. Uno de cada tres negocios. Industria, comercio y servicios comparten porcentajes similares de rentabilidad negativa —entre 31,2% y 33,3%.

La brecha financiera también revela el estado de la cadena de pagos. Las PyMEs cobran a 49,7 días y pagan a 36,7 días: financian a sus clientes con capital propio durante casi dos semanas. El 65,9% sufrió extensión unilateral de plazos por parte de sus clientes; el 50,6% reportó mayor incumplimiento. El principal motivo de endeudamiento no es inversión sino supervivencia: reponer capital de trabajo (28,2%), pagar salarios (25,9%), afrontar impuestos (24,7%).

La mirada hacia el futuro es oscura. El 61,6% cree que la situación económica del país empeorará en 2026. El 78,8% de los empresarios no planea incorporar personal en los próximos tres meses. El 68,6% no planea invertir en los próximos seis. La principal limitante al crecimiento que identifican es la caída del mercado interno, mencionada por el 78,8% de los encuestados.

El contexto político: dos economías que no se hablan

El Gobierno nacional tiene su propio relato sobre la economía. La inflación bajó sostenidamente desde los máximos de 2024. El superávit fiscal se sostiene. Vaca Muerta crece. El ingreso de divisas mejora. Desde esa perspectiva, el ajuste funciona.

Los datos del tejido productivo cuentan otra historia. El 54,1% de los empresarios pyme que respondió la encuesta de ENAC considera que el Gobierno no controló la inflación de forma genuina. El 65,1% califica la gestión de Milei y la de Caputo entre 1 y 3 puntos sobre 10. El 47,1% dice verse perjudicado por la apertura de importaciones. El 47,8% percibe que la calidad democrática argentina se ha degradado a un límite crítico.

La distancia entre el relato macroeconómico y la experiencia microeconómica no es nueva en Argentina, pero esta vez tiene una particularidad estructural. El modelo que crece —Vaca Muerta, refinación, química— es intensivo en capital y escaso en empleo. El modelo que cae —manufactura, comercio, construcción, transporte— es el que da trabajo a la mayor parte de la población activa. Mientras esa brecha no se cierre, la estabilización macroeconómica seguirá siendo invisible en los corralones de La Plata.

Conclusión: sin inversión, sin empleo, sin recuperación a la vista

Los tres niveles de análisis convergen en el mismo punto. Sin nuevas inversiones, el aparato productivo seguirá ocioso. Sin empleo, la demanda interna no se recupera. Sin demanda, no hay ventas. Sin ventas, las empresas no pueden crecer ni contratar. El círculo se retroalimenta.

La Encuesta ENAC registra un detalle que merece atención: el 81% de las PyMEs relevadas tiene más de diez años de trayectoria, y el 30,4% supera los treinta. No son emprendimientos frágiles ni empresas recientes que no resistieron el mercado. Son estructuras productivas consolidadas que están cerrando o están al borde de hacerlo. La destrucción del tejido empresarial que muestran los datos no es una depuración del mercado: es una contracción estructural cuyas consecuencias se sentirán mucho después de que los indicadores macro mejoren.

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