Martes 12 de mayo de 2026
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Milei rodeado: la interna de las tres damas, el macrismo que dinamita el relato y los mercados que enfrían la fiesta

En una sola semana, el Presidente se quedó sin red por adentro y por afuera. Karina lo ordena, Bullrich lo desafía y Villarruel espera; Macri vuelve a escena con un informe demoledor del PRO; Barclays y Moody’s bajan el termómetro de Wall Street. Todo, con la mira ya puesta en 2027.

Hay semanas que cambian el tono de un mandato. La que termina obligó a Javier Milei a mirar al mismo tiempo tres frentes que, hasta hace poco, parecían ordenados o, al menos, contenidos. Adentro del oficialismo, las «tres damas de hierro» del libertarismo rompieron la coreografía del verticalismo. Por afuera, el macrismo eligió este momento para dinamitar el relato económico. Y desde Wall Street, Barclays y Moody’s enfriaron la fiesta de la calificación argentina.

La foto es la de un Presidente que, por primera vez en su gestión, tiene que pelear simultáneamente por el control político de su propia tropa, por el discurso económico que lo sostuvo durante dos años y por la confianza de los mercados, esa misma confianza que hasta hace poco era su escudo más fuerte.

Karina, Bullrich, Villarruel: tres damas, tres estrategias

El núcleo duro del Gobierno responde a Karina Milei. La hermana del Presidente concentra el poder real, ordena el armado nacional, redefine el organigrama y ya se mostró en San Juan al frente de una mesa chica con seis gobernadores, un movimiento que no se le escapó a ningún dirigente con experiencia.

Patricia Bullrich, en cambio, eligió otro camino. Dejó de operar puertas adentro y salió en público a marcar diferencias con Manuel Adorni en plena causa por presunto enriquecimiento ilícito. Le pidió a Milei que aparte al jefe de Gabinete hasta que se aclare la situación judicial. Esa intervención rompió un código no escrito del primer círculo y desató, según fuentes del entorno, una bronca dura de Karina.

Victoria Villarruel observa desde el costado. La vicepresidenta, con la que la relación pública se rompió en los primeros meses de gestión, viene haciendo silencio estratégico y dejó deslizar entre dirigentes que la consultan una frase que circuló rápido: «Karina va a terminar destruyendo todo». Está institucionalmente lejos del Presidente y, al mismo tiempo, esperando el momento en que su rol de figura constitucional cobre densidad política.

Tres mujeres, tres estrategias y un mismo destinatario: Milei.

Bullrich, en modo candidata

El sábado, la ministra de Seguridad bajó el tono pero no la jugada. Ratificó su postura frente a Adorni, se preparó para recorrer la Ciudad y arrancó por Villa Lugano, una zona del sur porteño con problemas históricos de urbanización, seguridad y servicios. La caminata ya fue interpretada como una primera escena de campaña.

El círculo de Bullrich habla de una «instalación gradual» para una eventual candidatura a jefa de Gobierno porteña en 2027. Pero la propia ministra admite, sin pruritos, que si la imagen del oficialismo sigue cayendo no descarta jugar más alto. Es decir: hoy la pieza es la Ciudad, mañana puede ser la Presidencia.

Lo que importa no es solo el lugar al que apunta, sino el método. Bullrich entendió que cualquier figura que le quede asociada exclusivamente a Milei pierde grado de libertad. La señal hacia adentro de La Libertad Avanza es clara: ella tiene un capital político propio, anterior a Milei, y no piensa entregarlo en el camino.

El macrismo dinamita por afuera

Mientras adentro arde, por afuera el incendio empezó por la economía. La Fundación Pensar, el think tank histórico del PRO, lanzó un informe demoledor titulado «Sobreviviendo», que cuestiona el rumbo económico desde un lugar inesperado: el de los aliados. El documento reconoce la baja de la inflación y la estabilidad macroeconómica, pero apunta directo al deterioro del ingreso disponible y al descontento social creciente.

Los datos que cita pesan. La deuda de las familias con el sistema financiero subió 36 mil millones de pesos y los niveles de morosidad rozan máximos históricos. Es un retrato que choca de frente con la épica oficial del «fin de la inflación» y de la recuperación que estaría a la vuelta de la esquina.

Detrás del informe está Mauricio Macri, cada vez más distante de Milei, según trascendió. El ex presidente comparte las quejas de los empresarios contra el Gobierno, desconfía de la conducción de Karina y, lo más relevante, ya no se niega a sí mismo la posibilidad de ser candidato presidencial en 2027. «Algo cambió en las últimas semanas. Mauricio tiene ganas de recorrer el país», dicen quienes lo escuchan.

Esa señal coloca a Bullrich y Macri en una pista paralela. Los dos tomando distancia, los dos midiendo, los dos hablando con los mismos sectores empresariales y dirigenciales que hasta el año pasado estaban firmemente con Milei.

Wall Street también enfrió el termómetro

El tercer flanco abierto vino del exterior. Barclays publicó un informe titulado «Una gota de agua en el desierto», que cuestiona la baja de las tasas reales de corto plazo como herramienta para reactivar la economía. La advertencia central: confiar en el crédito como motor del rebote es un error de diagnóstico.

Moody’s fue por el mismo camino. La calificadora dejó claro que no tiene previsto subir la nota soberana de Argentina en el corto plazo. Reconoce los avances fiscales y monetarios, pero mantiene dudas serias sobre los vencimientos de deuda en 2026 y 2027 y, sobre todo, sobre la capacidad política del Gobierno para sostener el rumbo después del próximo ciclo electoral.

Los números acompañan. El riesgo país argentino se mantiene en torno a los 515 puntos básicos cuando el promedio de América Latina ronda los 255. Es decir: Argentina paga, todavía, prácticamente el doble que la región. Y mientras una parte del mercado presiona para que el Gobierno vuelva a emitir deuda, el secretario de Economía José Luis Daza fue tajante: no van a pagar las tasas que pide hoy Wall Street.

El cuadro es paradójico. Fitch y otra calificadora subieron la nota argentina en los últimos días, las acciones treparon en Wall Street y el riesgo país aflojó. Pero los grandes bancos miran más allá del envión coyuntural y empiezan a ponerle nombre a lo que ven: el desgaste político de Milei.

La provincia, la madre de todas las batallas

Para la región, esta semana política tiene una traducción muy concreta. Cualquier movimiento fuerte del oficialismo, de Bullrich o del macrismo se mide, antes que nada, en la Provincia de Buenos Aires. Es la madre de todas las batallas de 2027 y el territorio donde Axel Kicillof ya empezó a moverse para ordenar al peronismo bonaerense.

El armado libertario en la Provincia descansa sobre dirigentes de procedencia PRO, que están mirando con atención los movimientos de Macri y Bullrich. Si Santilli termina absorbido por el reordenamiento de la Casa Rosada, queda un vacío que vale millones de votos en el conurbano. Si Macri vuelve a competir, esos mismos intendentes amarillos se piensan dos veces a quién acompañan.

A eso se suma el factor económico. La caída del consumo, los cierres de comercios, el ajuste sobre las universidades —con la Marcha Federal del martes 12 como nueva escena de presión— no son ruido de fondo: son la realidad cotidiana que mide el votante platense, bonaerense y federal antes de definir su humor electoral.

Lo que viene

La hoja de ruta de las próximas semanas tiene cuatro variables abiertas. Primera: la causa Adorni y la decisión que tarde o temprano va a tomar Milei sobre el futuro de su jefe de Gabinete. Segunda: el desempeño electoral de Bullrich en su instalación porteña, que va a definir cuánto crece como figura propia. Tercera: la velocidad con la que Macri decida o no oficializar su regreso al ruedo presidencial. Y cuarta: la respuesta del mercado al manejo de la deuda y el clima político.

Las cuatro tienen un mismo eje. El relato libertario, que durante dos años combinó épica anticasta con éxito macroeconómico, empezó a descomponerse en simultáneo por la pelea por el poder, por la disputa por la herencia electoral y por la economía real. Si el Presidente logra reordenar al menos uno de esos frentes en las próximas semanas, recupera oxígeno. Si los tres siguen abiertos al mismo tiempo, la pregunta dejará de ser cuándo termina la luna de miel para convertirse en otra: si todavía queda margen para llegar a 2027 con autoridad política intacta.

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