Jueves 14 de mayo de 2026
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Peronismo e Iglesia, juntos frente a la crisis: «No sabemos cuánto va a aguantar esto»

Funcionarios e intendentes bonaerenses se reunieron con la cúpula del Episcopado y coincidieron en un diagnóstico alarmante: la demanda de asistencia social creció a un ritmo que empieza a superar la capacidad de respuesta del Estado y las organizaciones religiosas.

No es un encuentro protocolar. Cuando el peronismo bonaerense busca al Episcopado para hablar de crisis social, algo está pasando que los números oficiales no alcanzan a reflejar.

Funcionarios e intendentes del conurbano y del interior de la provincia se reunieron en los últimos días con referentes de la Conferencia Episcopal Argentina y el diagnóstico que circuló en ese encuentro fue duro y sin eufemismos: la situación social se está volviendo insostenible.
«Todo se va haciendo insostenible, no sabemos cuánto va a aguantar», fue la frase que varios de los asistentes reprodujeron al salir.

La Iglesia como termómetro real

Los obispos y curas que trabajan en territorio tienen algo que los datos del INDEC no capturan con la misma velocidad: la temperatura real de los barrios.

Los comedores parroquiales, los centros de distribución de alimentos y las redes de Cáritas son el primer eslabón de contención antes de que la crisis llegue a los hospitales, las escuelas o la crónica policial. Y lo que reportan desde hace meses es un incremento sostenido en la cantidad de familias que piden ayuda por primera vez.

No son los pobres estructurales de siempre. Son sectores que hasta hace uno o dos años se sostenían solos.

El mapa bonaerense del agotamiento

En el Gran La Plata, la situación no es ajena a ese diagnóstico. Las organizaciones sociales que trabajan en los barrios del anillo periférico de la ciudad —Los Hornos, Altos de San Lorenzo, El Retiro, Villa Elvira— vienen advirtiendo desde principios de año que la capacidad instalada de los comedores está al límite.

La combinación de inflación acumulada, pérdida de empleo informal y recorte en los programas nacionales de transferencia de ingresos generó una presión que los municipios y las parroquias absorben sin recursos adicionales.

El intendente Julio Alak no fue ajeno a esta dinámica: la Municipalidad de La Plata viene reforzando los operativos de asistencia alimentaria en coordinación con organizaciones del tercer sector, aunque los propios funcionarios reconocen en privado que la demanda supera la oferta disponible.

La jugada política del PJ

El acercamiento del peronismo a la Iglesia no es solo pastoral. Es una señal política dirigida a un electorado que en 2023 votó a Milei con la expectativa de que el ajuste fuera quirúrgico, no transversal.

La Iglesia tiene una legitimidad social que el PJ hoy no tiene en todos los territorios. Compartir un diagnóstico con los obispos es también una forma de validar el relato opositor con una fuente que el votante de clase media y baja percibe como más creíble que un dirigente del justicialismo.

Con las elecciones de medio término a pocos meses, ese movimiento tiene nombre y apellido: construcción de agenda para octubre.

Proyección a corto plazo

Si la demanda de asistencia sigue creciendo al ritmo actual sin que el gobierno nacional revierta los recortes en programas sociales, el sistema de contención —que hoy descansa en municipios, parroquias y organizaciones de la sociedad civil— va a llegar al límite antes de fin de año. Ese escenario le plantea al peronismo bonaerense un doble desafío: sostener la asistencia con recursos propios cada vez más ajustados y, al mismo tiempo, convertir ese desborde en argumento electoral sin que suene a oportunismo. El equilibrio es delicado y la Iglesia, por ahora, es el único actor que puede acompañar ese camino sin el costo político que implica hacerlo solo.

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