Los ingresos crecieron 2,4% en febrero y quedaron otra vez por debajo del IPC (2,9%). El deterioro ya es tendencia, golpea más al empleo registrado y empieza a tensionar consumo, deuda y actividad.
Los salarios volvieron a perder contra la inflación en febrero y consolidaron una secuencia que ya no parece coyuntural: cuatro meses consecutivos de caída del poder adquisitivo.
El dato del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) es claro: los ingresos subieron 2,4%, pero quedaron por debajo del 2,9% que marcó el IPC. Es la misma dinámica que se había visto en enero y que, lejos de corregirse, empieza a consolidarse como tendencia.
En el primer bimestre, los salarios acumulan un alza del 5%, pero todavía condicionada por la inercia inflacionaria.

El problema no es solo la inflación: es quién pierde
La lectura más incómoda aparece cuando se desagregan los datos.
El salario formal —el que marca el pulso de la economía registrada— sigue sin reaccionar. En febrero creció apenas 1,8%, lo que implicó una nueva caída en términos reales y seis meses seguidos de retroceso.
Dentro de ese grupo:
- El sector privado registrado subió 1,6%
- El empleo público avanzó 2,3%
Ambos quedaron por debajo de la inflación.
Desde el inicio de la gestión de Javier Milei, los salarios registrados acumulan una caída real cercana al 9%, con un recorte mucho más marcado en el sector estatal.
La paradoja: el único que le gana a la inflación es el más precario
El único segmento que logró superar al IPC fue el empleo no registrado, con una suba del 4,6% mensual.
Pero ese dato tiene doble filo:
se trata del sector más rezagado en términos de ingresos, con salarios que siguen siendo 44,7% más bajos que los formales.
Además, la informalidad crece:
- Pasó del 41,4% al 43% del total de ocupados
- Afecta principalmente a jóvenes
- Supera el 55% en menores de 29 años
Es decir, la recuperación más dinámica se da donde la calidad del empleo es más débil.

Más deuda, menos margen
El deterioro del ingreso ya se traduce en un cambio concreto en el comportamiento de las familias.
La mora trepó al 11,2% en febrero, el nivel más alto en décadas. El endeudamiento irregular se multiplicó desde fines de 2024, en paralelo con la caída del ingreso disponible.
Según estimaciones privadas:
- El ingreso “libre” cayó 0,6% en febrero
- Está 11% por debajo del nivel previo al cambio de gobierno
La ecuación es directa: salarios que pierden, gastos que suben y financiamiento que empieza a tensarse.
Empleo en retroceso y empresas que salen del sistema
El ajuste también aparece en el mercado laboral.
En el último año se perdieron más de 124 mil empleos registrados, y desde fines de 2023 la cifra supera los 320 mil puestos.
El impacto también se ve del lado empresario:
- 1.632 empresas cerraron solo en enero
- Más de 24.000 dejaron de operar desde el inicio de la actual gestión
La dinámica combina caída de la actividad, menor consumo y dificultades para sostener estructuras de costos.
Inflación que no afloja y salarios que no reaccionan
Lejos de desacelerarse, la inflación volvió a acelerarse en marzo y alcanzó el 3,4%, el nivel más alto en un año. Los gastos fijos, en paralelo, subieron 5,1%.
El propio Javier Milei reconoció que “los últimos meses fueron duros” y pidió paciencia, mientras el Gobierno apuesta a que la inflación empiece a ceder en los próximos meses.
Qué puede cambiar (y qué no)
Algunos analistas proyectan una baja inflacionaria a partir de abril. Si eso ocurre, podría abrirse una ventana para recomponer salarios en el segundo semestre.
El problema es el punto de partida:
la caída acumulada, el deterioro del empleo y la expansión de la informalidad dejan a los ingresos corriendo desde atrás.
En ese escenario, la mejora —si llega— difícilmente sea inmediata ni homogénea.


