Sábado 30 de mayo de 2026
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Schoklender acusó a Aníbal de armar una «usina de denuncias» contra el PRO y Vidal no tardó en memear al bonaerense

El exfuncionario kirchnerista apuntó en su declaración judicial al abogado Eduardo Barcesat como operador de una supuesta maquinaria de denuncias financiada desde el Estado. La exgobernadora aprovechó el momento para reabrir una vieja cuenta de 2015.

La declaración de Sergio Schoklender en el juicio oral por la causa Sueños Compartidos encendió esta semana una mecha que no todos esperaban. El exresponsable del programa de viviendas amplió su indagatoria y apuntó contra el abogado Eduardo Barcesat y el exjefe de Gabinete Aníbal Fernández, a quienes vinculó con una presunta «usina de denuncias contra el PRO».

La reacción del PRO fue inmediata. Y con nombre y apellido.

El meme como respuesta política

María Eugenia Vidal se hizo eco de la acusación desde sus redes sociales y publicó una vieja imagen de Aníbal Fernández en el Senado —captada en un momento de euforia evidente— que durante años circuló en Internet como meme para burlarse del exministro.
El gesto fue calculado. Vidal no necesitó escribir una sola palabra de análisis: la imagen hizo el trabajo. En el lenguaje de las redes, eso equivale a un golpe bajo con guante blanco.

La publicación reactivó el enfrentamiento que ambos protagonizaron en la campaña bonaerense de 2015, cuando disputaron la gobernación y Vidal se impuso sobre Fernández. Una victoria que, al parecer, ninguno de los dos olvidó del todo.

Qué dijo Schoklender en el juicio

La acusación del exfuncionario no fue menor ni imprecisa. Schoklender describió un esquema que funcionaba como «un centro de investigación» montado desde una universidad, con un subsidio que Aníbal Fernández habría canalizado directamente hacia Barcesat. La función de ese abogado, según el testigo, era fabricar nuevas denuncias contra funcionarios del PRO en Capital Federal, mes a mes.
Una acusación grave, lanzada desde el banquillo de un juicio que investiga presuntos desvíos millonarios en el programa habitacional de las Madres de Plaza de Mayo.

Barcesat negó todo en diálogo con La Nación: «Todo eso es una fantasía de este hombre». Reconoció haber tenido contacto con Fernández, pero limitó ese vínculo a una propuesta de crear un centro de estudios, sin ninguna relación con las Madres ni con la fabricación de denuncias.

Schoklender, entre la autocrítica y la ofensiva

En su declaración, Schoklender también apuntó contra la fallecida Hebe de Bonafini y exfuncionarios kirchneristas como el exvicepresidente Amado Boudou, por los presuntos desvíos de fondos. Al mismo tiempo, sostuvo que el programa de viviendas que él encabezó fue «realmente el único desarrollo de obra pública intachable, en donde jamás se desvió un centavo».

Una defensa que, en el contexto del juicio, resulta cuando menos llamativa.

Aníbal Fernández, de regreso al centro de la escena

La acusación no llegó en el mejor momento para el exministro, que venía levantando el perfil con declaraciones que generaron ruido propio. La semana pasada, Fernández causó revuelo al afirmar en el canal de streaming Gelatina que, si llegara a asumir la presidencia, no tocaría nada del gobierno de Milei: «No toco nada. Y empiezo a mirar pedacito por pedacito. Porque el esfuerzo que le hicieron hacer al pueblo argentino no se puede dilapidar ni dejar de costado».

Una frase que desconcertó a propios y ajenos, y que ahora queda enmarcada en una semana en la que volvió a ser protagonista, pero no precisamente por las razones que elegiría.

Lectura política: el juicio como campo de batalla electoral

El timing no es inocente. A meses de las legislativas, el juicio por Sueños Compartidos se convierte en un terreno fértil para que el PRO reactive su narrativa anti-kirchnerista. Vidal, que viene buscando reposicionarse dentro del espacio, aprovechó el momento con la economía del meme: máximo impacto, mínima exposición.

Para el kirchnerismo, la jugada de Schoklender —un testigo con credibilidad comprometida por su propio procesamiento— complica el tablero. Las acusaciones, aunque no probadas, generan titulares que circulan por canales donde el contexto legal importa poco.
En La Plata, donde Aníbal Fernández tiene historia y vínculos gremiales desde hace décadas, la semana lo dejó más débil de lo que estaba.

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