El 25 de Mayo tuvo una escena doble. Por un lado, la Catedral Metropolitana: Javier Milei de pie escuchando a Jorge García Cuerva pedir una clase dirigente que se anime al diálogo y deje de arengar la polarización. Por otro, la antesala del acto:
Victoria Villarruel excluida de la lista de invitados y un abrazo con Jorge Macri que nadie esperaba. El Tedeum de 2026 fue, como casi siempre con este arzobispo, más que una ceremonia protocolar.
Lo que García Cuerva le dijo al poder
El arzobispo de Buenos Aires no improvisó. Su homilía fue directa y tuvo destinatarios claros. «Basta de arengar la polarización porque nadie se salva solo», lanzó frente a Milei, su gabinete y la primera línea del Estado.
El mensaje central fue una demanda a la dirigencia política: «Lo que nos falta es una clase dirigente que con la fuerza de ese pueblo se anime al diálogo, al encuentro, a la reconciliación; y que lo haga por los que no pueden más, por los que perdieron las ganas de seguir, por los que sufren la parálisis de la falta de trabajo, de educación, de oportunidades».
García Cuerva nombró sin rodeos a los que llamó «descartados»: abuelos, niños, enfermos, personas con discapacidad, jóvenes atravesados por el consumo problemático, trabajadores informales y precarizados. Para el arzobispo, esa periferia debe ordenar las prioridades públicas.

La pobreza que baja pero no se siente
El trasfondo del mensaje no es nuevo. En la última Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina se presentó el informe del Observatorio de Deuda Social de la UCA, con una conclusión que incomodó al oficialismo: la mejora macroeconómica no se traduce todavía en bienestar concreto. Más del 55% de las personas ocupadas trabaja en la informalidad. La pobreza oficial cayó, pero no se siente.
Ese diagnóstico es el mismo que emerge de las encuestas: el 85% dice que su salario no le gana a la inflación y el 64% no llega al día 20 con sus ingresos. La Iglesia lo escucha en parroquias, comedores y barrios. El Gobierno lo explica con datos del INDEC. Esa brecha fue el corazón de la homilía.
Los «haters» y el «terrorismo de las redes»
Uno de los pasajes más directos apuntó a la violencia discursiva. García Cuerva comparó a los escribas del Evangelio, «sentados mirando» el esfuerzo ajeno, con quienes hoy actúan desde una pantalla. Habló de «haters de hoy» y de «terrorismo de las redes» vinculado a la descalificación y la difamación.
Citó al papa León XIV para pedir que se abandonen las palabras que hieren, el juicio inmediato y las calumnias. Luego extendió la crítica a la familia, el trabajo, la política, los medios y las redes sociales.
No fue la primera vez. El año pasado, frente al mismo Milei, García Cuerva había hablado de «las manos sucias del egoísmo y la indiferencia». La línea es consistente.
Villarruel afuera, Macri adentro
La política se metió antes de que empezara la misa. Victoria Villarruel fue excluida de la lista oficial de invitados. Desde su entorno atribuyeron la decisión a Karina Milei, responsable de la organización del acto. La ausencia generó incluso una denuncia judicial por «abuso de autoridad».
En cambio, la escena que más circuló fue otra: cuando Milei ingresó a la Catedral, se acercó a Jorge Macri y le dio un abrazo. El año pasado apenas lo había mirado al pasar. El gesto, en un contexto de fuerte tensión interna del oficialismo, fue leído como señal política de cara al escenario electoral de 2027.

Las Fuerzas del Cielo habían anunciado que no participarían, pero Santiago Caputo apareció en el lugar. Luis Caputo, ministro de Economía, fue el ausente con aviso: un cuadro gripal lo dejó fuera del acto.
Terminado el Tedeum, Milei regresó a Casa Rosada para encabezar una reunión de gabinete en un clima que las fuentes describieron como de fuerte tensión interna.


