Una encuesta nacional de Zentrix marca un quiebre sensible para la Casa Rosada: el 66,6% cree que el Gobierno terminó pareciéndose a aquello que prometía combatir. La pérdida de autoridad moral se combina con salarios que no alcanzan, desconfianza en la inflación oficial y una caída de la aprobación presidencial al 33,1%.
La promesa que llevó a Javier Milei al poder empieza a mostrar su punto más frágil. No se trata sólo de una baja en la imagen presidencial ni de una encuesta adversa más. El último Monitor de Opinión Pública de Zentrix Consultora marca un dato políticamente más delicado: para dos de cada tres argentinos, el pacto “anticasta” se rompió.
El 66,6% de los consultados considera que el Gobierno terminó siendo parte de aquello que decía venir a combatir. Ese número toca el corazón del dispositivo político libertario, porque Milei no construyó su legitimidad únicamente sobre un programa económico de ajuste, sino sobre una promesa moral: limpiar el sistema, castigar privilegios y diferenciarse de la política tradicional.
Ese blindaje empieza a perder eficacia.
La encuesta muestra que el 57,3% percibe corrupción generalizada en la gestión nacional, mientras que el 60,2% interpreta las denuncias no como hechos aislados, sino como parte de un problema más amplio del Gobierno. El dato se vuelve todavía más incómodo cuando se observa que el 66,6% cree que la administración libertaria no está realmente comprometida con evitar hechos de corrupción.
Ahí aparece el verdadero problema para la Casa Rosada: las denuncias ya no dañan sólo a funcionarios o figuras puntuales. Empiezan a erosionar el relato que le permitió a Milei pedir sacrificios sociales en nombre de un cambio de fondo.
La autoridad moral, el activo que Milei no podía perder
Durante buena parte de su llegada al poder, Milei logró sostener una idea simple y potente: el ajuste era doloroso, pero necesario; la crisis era heredada; y el sacrificio tenía sentido porque esta vez lo pagaría “la casta”.
Ese contrato simbólico fue central. Permitió que amplios sectores toleraran pérdida de ingresos, recortes, tarifazos y deterioro del consumo bajo la expectativa de una transformación mayor. El problema aparece cuando una parte creciente de la sociedad empieza a percibir que el costo lo paga la mayoría, mientras el Gobierno reproduce prácticas que decía condenar.
Según Zentrix, la corrupción ya aparece como uno de los principales desafíos del país incluso entre votantes del oficialismo. Ese punto es importante porque muestra que el tema dejó de ser sólo una bandera opositora. Todavía existe un núcleo libertario dispuesto a encapsular las denuncias como episodios aislados, pero por fuera de ese círculo la lectura social es más severa: el Gobierno empieza a ser evaluado con la misma vara que aplicó contra el resto del sistema político.
Para Milei, eso tiene un costo mayor que para otros presidentes. Su identidad pública no nació de la moderación, sino de la impugnación absoluta de la política tradicional. Por eso, cada sospecha de corrupción no funciona como una denuncia más: pega directamente sobre su marca de origen.
El ajuste se vuelve menos tolerable cuando se rompe la confianza
El desgaste moral no ocurre en el vacío. La encuesta también muestra una economía doméstica cada vez más exigida.
El 81,6% de los consultados reconoce que en los últimos seis meses tuvo que resignar algo para sostenerse. En algunos casos fueron salidas, ocio o consumos no esenciales. En otros, compras habituales del hogar. Y en los sectores más golpeados, gastos básicos vinculados a alimentos, salud o servicios.
Ese dato cambia la lectura política del ajuste. Ya no se trata de una discusión técnica sobre superávit, emisión, déficit o variables macroeconómicas. La pregunta social pasó a ser más concreta: cuánto dura el sueldo, qué se deja de comprar, qué factura se posterga y qué parte de la vida cotidiana se achica.
El 86,6% afirma que su salario no le gana a la inflación. Es el peor registro de la serie reciente. Además, el 60,4% dice que sus ingresos le alcanzan sólo hasta el día 20 del mes.
Ese número es brutal porque traduce la crisis a una escena cotidiana: diez días por mes quedan bajo administración defensiva. Endeudamiento, tarjeta, fiado, recorte o espera. En ciudades como La Plata y el Gran La Plata, donde pesan el empleo público, la universidad, el comercio, los servicios y una amplia clase media asalariada, esa dinámica tiene impacto directo en la calle: menos consumo, comercios más ajustados y hogares que reorganizan prioridades.

La inflación baja, pero el bolsillo no compra el relato
Uno de los puntos más sensibles del informe aparece en la relación entre el dato oficial y la experiencia real de los hogares. El 70,3% considera que la inflación informada por el INDEC no refleja adecuadamente la variación de precios que percibe en su vida cotidiana.
La cifra creció fuerte desde enero, cuando esa mirada alcanzaba al 56,4%. No es un detalle metodológico. Es un problema de credibilidad pública.
El Gobierno necesita que la baja de la inflación funcione como prueba de que el rumbo económico empieza a ordenar el país. Pero si la mayoría siente que los precios siguen corriendo por encima del ingreso, el dato oficial pierde potencia política. Puede servir para mostrar una tendencia macroeconómica, pero no alcanza para convencer a quien llega ajustado a mitad de mes.
Ahí aparece una brecha cada vez más visible: la economía que se presenta desde los indicadores y la economía que se vive en los hogares. El índice puede bajar, pero si el salario no recompone, si las tarifas pesan más y si el changuito sigue achicándose, la mejora no se transforma en alivio social.
Ese es el punto que complica al oficialismo. La inflación ya no se mide únicamente en porcentajes mensuales, sino en poder de compra. Y cuando el salario pierde, la narrativa de estabilización queda políticamente incompleta.
Aprobación en baja y una imagen presidencial que entra en zona roja
El impacto de esa combinación ya se ve en la evaluación del Gobierno. La aprobación presidencial cae al 33,1%, mientras la desaprobación crece desde febrero.
La imagen de Milei también se deteriora: 35,2% positiva contra 59,3% negativa. El diferencial negativo llega a 24 puntos. Lo más relevante no es sólo la foto, sino la velocidad del movimiento. Hace dos meses, la imagen presidencial se ubicaba cerca de un equilibrio. Ahora aparece claramente corrida hacia terreno adverso.
Esto indica que Milei empieza a absorber en primera persona el costo acumulado de la gestión. Durante un tiempo, el Presidente logró separar su figura del desgaste cotidiano. El relato de la herencia, el enfrentamiento con la política tradicional y la promesa de futuro funcionaron como escudo. Pero la encuesta sugiere que ese margen se achica.
El malestar ya no golpea únicamente a “funcionarios”, “el Congreso”, “los gobernadores” o “la casta”. Empieza a tocar al propio Milei como síntesis del rumbo económico, político y moral del Gobierno.

Kicillof capitaliza parte del malestar, pero todavía sin consolidar una mayoría
En ese escenario, Axel Kicillof aparece con una recuperación relevante. Según Zentrix, el gobernador bonaerense alcanza 40,2% de imagen positiva, luego de haber tocado un piso de 30,5% en febrero. Su negativa retrocede al 50%.
El dato no implica que Kicillof haya resuelto sus propios límites de imagen, pero sí marca una mejora en un contexto donde el desgaste del Gobierno nacional empieza a abrir espacio para referencias opositoras.
Para la Provincia de Buenos Aires, este movimiento tiene una lectura directa. Kicillof intenta pararse como contracara del ajuste nacional, especialmente en obra pública, salarios, educación, salud y asistencia a los municipios. En La Plata, sede administrativa de la Provincia y epicentro político bonaerense, ese posicionamiento tiene una traducción concreta: cada recorte nacional, cada conflicto presupuestario y cada discusión por fondos termina impactando en el tablero local.
La mejora de Kicillof parece apoyarse menos en un entusiasmo propio y más en un reordenamiento del humor social frente a Milei. Es decir: no necesariamente crece porque el peronismo entusiasme, sino porque una parte del electorado empieza a buscar una referencia que exprese rechazo al rumbo nacional.

Adorni, el costo de poner la cara por el relato
Manuel Adorni aparece como una de las figuras más golpeadas del oficialismo. Su imagen negativa llega al 73,9%, un nivel muy alto incluso para un contexto polarizado.
Su caso es políticamente relevante porque Adorni no es un funcionario más: es una pieza central del dispositivo comunicacional libertario. Durante meses fue una de las voces encargadas de ordenar el mensaje oficial, responder críticas, fijar agenda y traducir el relato presidencial en formato cotidiano.
Pero esa exposición también tiene costo. Cuando el Gobierno enfrenta denuncias, pérdida de credibilidad y malestar económico, quien administra la palabra oficial queda más expuesto al desgaste. Si las explicaciones no alcanzan, la figura del vocero deja de ordenar y empieza a concentrar rechazo.
El deterioro de Adorni no queda encapsulado. Al contrario: refuerza la percepción de que el núcleo comunicacional del Gobierno también perdió eficacia para sostener el relato original.

Bullrich resiste mejor que otros nombres del oficialismo
Patricia Bullrich aparece con una situación distinta. Conserva 40,1% de imagen positiva frente a 54,8% de negativa. Sigue en terreno adverso, pero con una resistencia mayor al desgaste que afecta a otras figuras libertarias.
La explicación puede estar en el lugar político que ocupa. Bullrich mantiene para una parte del electorado una asociación con orden, autoridad y firmeza. No queda tan atada a la gestión diaria de la economía ni a la administración directa del ajuste.
Su capital político, aunque golpeado, parece más estable que el de los voceros o funcionarios más identificados con la coyuntura inmediata. En términos electorales, ese dato no es menor: muestra que dentro del oficialismo o sus aliados todavía hay figuras capaces de conservar volumen propio aun cuando el Gobierno nacional cae.
Bregman y el crecimiento del rechazo frontal
Una de las novedades del informe es Myriam Bregman. La dirigente de izquierda registra 47,3% de imagen positiva y 42,4% de negativa. Es la única figura medida con diferencial favorable.
El dato abre otra lectura del momento político. El malestar con Milei no está siendo capitalizado únicamente por opciones moderadas o institucionales. También crecen referencias que expresan una oposición frontal al programa económico y simbólico del Gobierno.
En un contexto de ajuste, pérdida salarial y decepción frente al discurso anticasta, Bregman aparece como canal de un rechazo más nítido. No sólo cuestiona la gestión: impugna el rumbo completo. Esa diferencia puede volverse importante si el clima social sigue endureciéndose.
La Plata y la Provincia, donde el malestar económico se vuelve político
Aunque el relevamiento es nacional y no debe extrapolarse mecánicamente a nivel local, sus datos dialogan con una realidad visible en La Plata y el Gran La Plata.
La ciudad tiene una estructura social muy sensible a tres variables: salario público, empleo universitario y consumo de clase media. Cuando los ingresos pierden contra la inflación y el mes se corta antes de tiempo, el impacto no queda encerrado en los hogares. Se traslada al comercio barrial, a los servicios, a la gastronomía, a los alquileres y a la circulación económica diaria.
También se vuelve político. La Plata concentra administración provincial, sindicatos, universidad, organismos públicos y una vida política intensa. Por eso, el deterioro de la imagen nacional y la recuperación de Kicillof no son datos abstractos: pueden influir en la discusión bonaerense, en la relación Nación-Provincia y en el posicionamiento de los actores locales frente al ajuste.
Si el Gobierno nacional pierde capacidad de presentar el sacrificio como una etapa necesaria y moralmente justificada, el costo puede sentirse con más fuerza en territorios donde el Estado y el salario formal tienen peso estructural.
El problema de Milei: ya no alcanza con culpar a la herencia
El informe de Zentrix muestra que el Gobierno empieza a enfrentar una dificultad política más compleja que la caída de un indicador. La sociedad parece estar recalculando el contrato con Milei.
La herencia recibida todavía puede explicar parte del deterioro. Pero cuanto más avanza la gestión, más difícil se vuelve sostener que todo costo pertenece al pasado. La inflación, el salario, el consumo, las denuncias y la percepción de corrupción empiezan a ser leídos como parte del presente oficialista.
Ese pasaje es clave. Todo gobierno atraviesa un momento en el que deja de ser evaluado por lo que prometió y empieza a ser medido por lo que administra. Para Milei, ese momento es especialmente delicado porque su principal promesa no fue sólo económica. Fue moral.
Y cuando la promesa moral se resquebraja, el ajuste queda más desnudo.
Un escenario abierto para los próximos meses
El dato más importante de la encuesta no es que Milei caiga, sino por qué cae. La combinación entre economía cotidiana deteriorada y pérdida de autoridad simbólica puede tener efectos más profundos que una mala coyuntura comunicacional.
Si el Gobierno logra mostrar recuperación real del ingreso, puede recomponer parte de la tolerancia social. Pero si los salarios siguen perdiendo, si el consumo continúa retraído y si las denuncias siguen alimentando la idea de doble vara, la bandera anticasta puede pasar de activo electoral a problema de gobierno.
En ese escenario, la oposición tendrá una oportunidad, pero también una exigencia: transformar el malestar en alternativa creíble. Kicillof aparece mejor posicionado que meses atrás; Bregman recoge una parte del rechazo más duro; y el oficialismo todavía conserva un núcleo propio, aunque más encerrado y menos expansivo.
La pregunta que empieza a ordenar el tablero ya no es si Milei conserva apoyo. Lo conserva. La pregunta es si todavía puede convencer a una mayoría de que el sacrificio vale la pena y de que el Gobierno no terminó pareciéndose demasiado a aquello que prometió destruir.
Sobre el estudio
Los datos surgen del Monitor de Opinión Pública de Zentrix Consultora, correspondiente a abril. El relevamiento incluyó 1.559 casos válidos con cobertura nacional, mediante cuestionario autoadministrado en línea, con diseño muestral ponderado por región y edad según el último padrón electoral.
La consultora informó un margen de error teórico de ±2,48%, con un nivel de confianza del 95%. Los resultados tienen representatividad nacional y no deben extrapolarse a niveles subnacionales sin cautela metodológica.


