Domingo 26 de julio de 2026
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La crisis del bolsillo dejó los hoteles bonaerenses casi vacíos en la primer semana del receso invernal

El receso escolar de julio arrancó en la provincia de Buenos Aires con una postal muy distinta a la de otros años. Los destinos turísticos —desde la Costa Atlántica hasta las sierras— muestran ocupaciones históricamente bajas. El diagnóstico del sector es unánime: no es el clima, no es el Mundial. Es que las familias no tienen plata para viajar.

Mar del Plata y la costa: el piso más bajo en años

Mar del Plata, el principal destino bonaerense en época invernal, abrió el receso con apenas un 25% de ocupación hotelera, según la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica (AEHG). El dato alarma al sector porque ni siquiera el fin de semana largo del 9 de Julio generó el repunte esperado. El gremio UTHGRA informó que esa semana el piso apenas llegó al 35-45%.

El secretario general de UTHGRA Mar del Plata, Pablo Santín, fue contundente. «La gente no viaja porque no tiene plata», afirmó. En ese marco, también descartó que el Mundial 2026 sea un factor explicativo de la baja. El impacto en el empleo ya es concreto: en los últimos dos meses cerraron cerca de 40 hoteles y locales gastronómicos en la ciudad, con más de 400 puestos de trabajo perdidos.

En Pinamar, la situación no es mejor. Los operadores turísticos describen la temporada como de supervivencia, más que de ganancia. El objetivo principal es cubrir los costos fijos —luz, gas y sueldos— para no cerrar definitivamente. Las reservas lentas motivaron al sector a lanzar promociones de 4×3 y hasta 3×2 en alojamiento, algo inusual para el invierno.

En Villa Gesell el cuadro es aún más crítico. Fuentes del sector local revelaron que hoteles de más de 100 habitaciones abrieron con apenas 2 ocupadas. «Muchos hoteles no abrieron por razones de personal y mantenimiento. Estar cerrado es ganancia», dijo un operador local, sintetizando con brutalidad la lógica de esta temporada.

La gente está, pero no gasta

Un dato que agrega La Tecla Mar del Plata sobre la primera semana revela una paradoja preocupante. La postal urbana muestra circulación de transeúntes en el centro y los corredores gastronómicos. Sin embargo, el nivel de consumo es mínimo. Los turistas que llegan recortan gastos al máximo: acortan estadías, evitan restaurantes, no compran.

El gremio de Pasteleros y áreas afines confirmó que el movimiento en el sector se ubicó cerca de una tercera parte de la capacidad potencial. En ese contexto, los ingresos no alcanzan a derramar en los mostradores. Además, el mercado de alquileres temporarios registra números inusualmente bajos para la época, con una masa de visitantes inicial muy por debajo de las proyecciones.

En consecuencia, el sector empresarial tomó una decisión tajante: la suspensión total de las contrataciones eventuales de invierno. Ese recurso era históricamente un alivio para el empleo temporario de la ciudad. Por ahora, sin embargo, las empresas optan por sostener sus planteles estables en lugar de despedir, absorbiendo la baja rentabilidad a la espera de un eventual repunte en el tramo final del receso.

Las sierras sostienen mejor, pero tampoco escapan a la tendencia

Hacia el interior bonaerense, el panorama es relativamente menos crítico, aunque igualmente preocupante. Tandil promedió un 55% de ocupación en la primera semana del receso. El número puede parecer razonable en abstracto. Sin embargo, el año pasado el mismo destino llegaba al 80%.

En la Comarca Serrana de Tornquist, que incluye a Sierra de la Ventana, la ocupación arrancó cerca del 50%. El año anterior, ese corredor llegaba al 85% en las mismas fechas. Por eso, aunque las sierras amortiguaron mejor el golpe que la costa, también están muy lejos de sus propios registros históricos.

El ajuste como protagonista: salarios que no alcanzan

El factor común en todos los destinos no es estacional ni circunstancial. Es estructural. El ajuste en la economía de los hogares obligó a priorizar tarifas, alimentos y educación por encima del ocio. Las tarjetas de crédito están al límite. El margen de ahorro mensual desapareció para gran parte de la clase media.

En consecuencia, las familias hacen el cálculo del viaje —nafta, peajes, alojamiento, comida— y lo descartan. Según operadores de la Costa Atlántica, buena parte de las consultas no se concretan cuando el número final aparece en pantalla. Por si eso fuera poco, incluso quienes viajan recortan la estadía y restringen cada peso gastado.

El ex director nacional de Planificación y Desarrollo Turístico, Sergio Castro, describió la situación con crudeza. «Treinta meses de costos disparados, rentabilidad destruida y demanda deprimida conviven con una discusión oficial centrada en pasajeros transportados y ocupación hotelera», señaló, marcando la distancia entre los datos que muestra el Gobierno y la realidad que viven los operadores.

El turismo tiene dos velocidades: extranjero sí, local no

El Gobierno nacional destacó que en el primer semestre de 2026 ingresaron al país 1,4 millones de turistas no residentes, cifra superior a la de 2019. El tipo de cambio hace que Argentina sea barata para el visitante extranjero. Sin embargo, ese mismo esquema hace exactamente lo contrario para el trabajador argentino.

Además, el turismo emisivo —los argentinos que viajan al exterior— cayó un 12,1% interanual en mayo según el INDEC. La vía terrestre, históricamente la más accesible para familias de ingresos medios, se derrumbó un 27,5%. En otras palabras, las familias no solo no pueden ir a Mar del Plata: tampoco pueden cruzar a Uruguay o Chile como hacían antes.

Sin promociones que muevan la aguja

El sector privado reaccionó con lo que pudo. Hoteles con 4×3 y 3×2, restaurantes con menús ejecutivos a precios ajustados. Sin embargo, no hay programas oficiales de incentivo al turismo interno que estén traccionando demanda de manera visible.

En Mar del Plata, el Ente Municipal de Turismo y Cultura (EMTURyC) informó la llegada de menos de 58.000 turistas tras el último fin de semana largo, muy por debajo de las metas de desestacionalización que el propio organismo se había fijado. Frente a los pedidos de estadísticas detalladas sobre los fines de semana con menor movimiento, el EMTURyC no respondió.

En síntesis, el primer receso invernal bonaerense de 2026 deja una foto clara. Hoteles con menos de la mitad de sus plazas ocupadas, contrataciones eventuales congeladas, empleo en riesgo, y familias que eligieron quedarse en casa —no por falta de ganas, sino por falta de resto.

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