Sábado 27 de junio de 2026
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La salida de Adorni dejó de ser un rumor: cómo se cocinó la decisión que Milei sella este sábado

Manuel Adorni dejó su despacho en la Casa Rosada cerca de las seis de la tarde del viernes. No hubo anuncio, ni comunicado, ni un tuit. Simplemente se fue a su casa, mientras adentro de Balcarce 50 el resto del gabinete daba por hecho algo que hasta hace pocas semanas se desmentía con vehemencia: el jefe de Gabinete tiene que renunciar. La definición formal quedó en manos de Javier Milei, que regresó este sábado de su viaje a España con la última palabra sobre un desenlace que, en los hechos, ya estaba escrito antes de que pisara Buenos Aires.

Lo inédito de esta crisis no es solo la salida en sí, sino quién la empujó. Karina Milei y Santiago Caputo, que durante meses representaron los dos polos de la interna libertaria, coincidieron por primera vez en mucho tiempo en un mismo objetivo. Esa coincidencia, más que cualquier presión opositora, es la que aceleró todo en las últimas horas.

Cómo se armó el operativo de salida

Mientras Milei exponía en Madrid, en Buenos Aires se sucedieron reuniones que terminaron de inclinar la balanza. Karina Milei recibió a Martín y Lule Menem y a Diego Santilli, el ministro del Interior que pasó a ser, según coincidieron todas las fuentes consultadas por los medios nacionales, el candidato con más chances para asumir la Jefatura de Gabinete. Adorni, mientras tanto, quedó al margen de esas conversaciones: su única reunión de la jornada fue con los nuevos responsables de la comunicación oficial, el vocero Adrián Ravier y el secretario de Prensa Fabián Fernández.

Santilli reúne algo que pocos funcionarios libertarios logran: el visto bueno simultáneo de Karina Milei y de Santiago Caputo. Mantiene además buen diálogo con los gobernadores y con el bloque del PRO en el Congreso, un activo nada menor para un gobierno que necesita votos. Según trascendió, el propio ministro ya le había puesto fecha a su respuesta —el 2 de julio— cuando le ofrecieron el cargo, pero la salida de Adorni, más apresurada de lo previsto, podría adelantar esa definición.

Si Santilli asciende, el nombre que se baraja para sucederlo en Interior es el de Ignacio Devitt, actual secretario de Asuntos Estratégicos, que construyó buena relación con los gobernadores trabajando codo a codo con el propio Santilli en la negociación de leyes.

Los nombres que quedaron en el camino

La lista de descartados es tan elocuente como la de los candidatos. El canciller Pablo Quirno perdió fuerza por estar demasiado asociado a la órbita de Caputo, lo que lo vuelve menos funcional como nombre de consenso. Federico Sturzenegger encuentra resistencia interna. Sandra Pettovello no quiere dejar Capital Humano. Martín Menem es demasiado valioso conduciendo Diputados como para moverlo. Y Santiago Caputo, pese a sonar como posibilidad, implicaría romper el frágil equilibrio de poder que mantiene con el karinismo. Incluso el presidente de YPF, Horacio Marín, apareció mencionado, aunque con el mismo problema que Santilli: sacarlo de un lugar donde también es considerado clave.

La pinza judicial y la pinza legislativa

La salida de Adorni no ocurre en el vacío. Mientras se definía su futuro político, trascendieron nuevas revelaciones sobre la investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito: compras realizadas en 2025 desde su cuenta personal de Mercado Libre, pagadas con tarjetas de crédito de empleados que trabajaban bajo su órbita en la Vocería Presidencial. Un monitor gamer y dos proyectores para videojuegos, por casi 5,8 millones de pesos, superaron el salario mensual que entonces percibía el funcionario.

A esa presión judicial se sumaba otra, parlamentaria: la oposición avanza con pedidos de interpelación previstos para la semana próxima en ambas cámaras, además de una moción de censura que, de aprobarse, sentaría un precedente incómodo para cualquier gestión futura. Sostener a Adorni hasta esa instancia hubiera significado que el Congreso, no el propio Gobierno, definiera su salida. Por eso, en Casa Rosada se construye la idea de que la renuncia será una decisión «personal» del funcionario, no una expulsión forzada por la política o la Justicia.

El antecedente Espert y el libreto que se repite

La estrategia comunicacional que está armando el oficialismo no es nueva. El año pasado, José Luis Espert renunció a su candidatura a diputado en plena campaña, también bajo el argumento de un gesto voluntario «por la Argentina», evitando así que el desgaste lo arrastrara a una salida más traumática. El karinismo y el caputismo apuestan a repetir esa misma narrativa con Adorni: que se vaya antes de que lo saquen.

El propio Milei alimentó esa lectura desde España, cuando por primera vez deslizó la posibilidad de «eyectarlo de una patada» si la Justicia lo encuentra culpable, aunque remarcó que confía en su honestidad y recordó que Mauricio Macri también asumió un cargo estando procesado. Esa frase, leída con atención en la Casa Rosada, fue interpretada como el primer paso público hacia una salida que en privado ya estaba decidida.

Lo que viene: un vocero nuevo y una interna que no cierra

El recambio comunicacional ya empezó a notarse. Adrián Ravier estrenó su rol anunciando ayuda humanitaria de Argentina a Venezuela, una novedad que en otro momento hubiera comunicado el propio jefe de Gabinete. El plan oficial es que todo comunicado pase primero por Ravier para evitar la descoordinación que caracterizó la gestión de Adorni, aunque el nuevo vocero ya advirtió que no hablará de temas legislativos, judiciales o partidarios, lo que deja un signo de pregunta sobre qué tan amplio será su radio de acción real.

Mientras tanto, la salida de Adorni no cierra la interna libertaria, apenas reordena sus piezas. Patricia Bullrich, la senadora más crítica del funcionario dentro de LLA, bloqueó la sesión que iba a tratar su interpelación y la derivó a comisiones, en un nuevo cruce con el círculo presidencial. Y el PRO, con Mauricio Macri al frente en un acto en Mar del Plata, ratificó que va a votar la interpelación en ambas cámaras, ofensiva que ya no distingue entre el affaire Adorni y las disputas territoriales con el oficialismo bonaerense.

La definición que Milei traiga de España no resuelve, en el fondo, la pregunta de mayor calado: si alcanza con cambiar de cara en la comunicación y en el gabinete para frenar el desgaste de un gobierno que, en paralelo, sigue lidiando con una causa judicial que recién empieza.

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